Capítulo XXXIII – Cloud Strife (Parte Segunda)

17 junio 2009

Cloud Strife sobrevivió como mercenario en los suburbios de Midgar, pues los negocios de los que se encargaba no estaban bien vistos en la superficie. Pronto se hizo un nombre y se ganó un respeto entre la escoria que habitaba los sombríos bajos fondos de la macrociudad. Pero a su renovada fuerza física y sus habilidades para el combate le habían acompañado pesadillas y dolores de cabeza constantes. Su memoria le fallaba en ocasiones, y si insistía en recuperar un recuerdo se desvanecía sin remedio. Pronto dejó de intentarlo y asumió su nueva condición. Se volvió una persona taciturna y desagradable, lo cual no le causaba excesivos problemas en los suburbios.

Un día, tras cerrar un negocio bastante sencillo, Cloud bajó del tren y se desmayó. Cayó rodando por las escaleras y quedó echado en el suelo durante horas. Nadie corrió en su auxilio. Por una increíble casualidad, Tifa Lockhart se dirigió a la estación de trenes de los suburbios del Sector 7 ese día y encontró a Cloud. Habían pasado siete años desde que lo viese por última vez. Volvieron a recuperar su amistad, y Cloud terminó uniéndose a Avalancha por petición de Tifa.

Tras una de las misiones contra un reactor de makko Cloud aterrizó en una Iglesia de los suburbios en la que encontró a la que fuese la pareja de su ex-compañero Zack. Las células de Jénova del cerebro de Cloud reaccionaron de inmediato haciendo que el mercenario se sintiese tremendamente atraído por la muchacha. Aceptó un nuevo trabajo como guardaespaldas personal que le llevó a enfrentarse frontalmente a Shin Ra y a abandonar la ciudad.

Aerith murió y Cloud cayó a la Corriente Vital. El contacto directo con el makko hizo que las células de Jénova que habitaban en su cerebro perdiesen fuerza y se rompiesen algunas de sus conexiones de nuevo, por lo que Cloud entró en estado catatónico. Hubiera terminado así sus días de no ser por su amiga de la infancia, Tifa, que se precipitó en la Corriente Vital con él y recompuso las conexiones cerebrales de Cloud hilvanando los recuerdos compartidos que poseían con sus amables palabras. Entonces la verdadera personalidad de Cloud, el chico tímido de Nibelheim, tomó las riendas de nuevo, expulsando al mercenario de su mente para siempre.

En este momento el verdadero Cloud, libre de dolores de cabeza y recuerdos confusos, se hallaba en Vientofuerte al lado de Tifa. Se dirigían al Continente del Norte, aunque solo él conocía la razón de aquel viaje. Portaba consigo un amuleto del viejo Bugen que le ahorraría muchas explicaciones. Bastaría con mostrarlo para que Sabio Chocobo (así se hacía llamar) le prestase algo de gran valor y que sería muy útil para poder salvar el mundo.

Sabio Chocobo era un ermitaño de edad desconocida que había dedicado su vida entera a la cría profesional de chocobos. A pesar de su aislamiento, era bastante conocido en los círculos de granjeros y criadores profesionales, aunque pocos le conocían personalmente. Se decía que, mediante sus virtuosas artes había logrado obtener chocobos realmente especiales. Chocobos azules, capaces de nadar en los ríos. Chocobos verdes, capaces de atravesar las montañas. Chocobos negros, capaces de subir cascadas y escalar a los más altos picos. Pero sin duda el mejor de los chocobos era el dorado, capaz de atravesar montañas, ríos y océanos. Según la leyenda, este chocobo fue concebido solo una vez, y Sabio Chocobo lo escondía en alguna parte, aunque nadie lo había visto jamás. Por supuesto había quien tomaba estas historias como simples fábulas ideadas por granjeros solitarios. Había llegado el momento de descubrir si la leyenda tenía un fondo de verdad.

Buscaban una cabaña pequeña en mitad de las montañas nevadas de Iciclos. “Una aguja en un pajar”, había dicho Cid. Pero Cloud no desistió. Sobrevolaron las montañas durante horas mientras Cloud recorría con su visión de halcón todos y cada uno de los recovecos de Iciclos. Y al final la encontró. El humo negro que brotaba de la chimenea le mostró el camino. En un pequeño valle bastante elevado se hallaba la cabaña de Sabio Chocobo.

– Es suficiente, Cid. Puedes dejarnos aquí – le dijo Cloud.
– ¿Aquí? ¿En mitad de la nada y la nieve? – le preguntó el capitán extrañado.
– Así es. Tú puedes marcharte adonde quieras. Durante dos días eres libre. Si finalmente decides seguir adelante con la misión, deberás ir a recoger a todos los que hayan decidido unirse de nuevo. Ninguna promesa ni juramento te obliga a hacer nada más de lo que tú decidas – dicho esto Cloud posó su mano sobre el hombro del capitán, que apagó el cigarro en el cenicero que tenía al lado del timón.

Los dos jóvenes nibelfeños abandonaron la nave y picaron a la puerta de Sabio Chocobo. Nada. Cloud insistió con un poco más de ímpetu.

– ¡No es necesario echar la puerta abajo! Está abierta – les gritó una voz desde el interior.

Entraron a la cabaña. El ambiente era cálido y acogedor. Predominaban los tonos marrón de la madera. Había un fuerte olor a verduras. Pudieron ver una olla en el fuego y a un anciano rechoncho que removía con un cucharón de palo el caldo.

– ¿Sois dos? – preguntó.
– Así es – repuso Tifa asintiendo con la cabeza de la forma más educada posible.
– Está bien, sentaos. Ahora mismo sirvo los platos.

Cloud y Tifa se miraron y se sentaron a la mesa. El anciano sirvió dos platos de aquella sopa y se sentó a su lado. El olor era muy agradable.

– Verá… – empezó a decir Cloud.
– Cada cosa a su tiempo, muchacho. Primero come.

No supieron por qué, pero obedecieron a aquel desconocido sin rechistar. Mientras tomaban la sopa lo observaron con más detenimiento. Tenía grandes mofletes rosados y una nariz pequeña y brillante. Sus ojos se escondían tras la doblez de su gruesa piel, dándole un aspecto bastante gracioso e inofensivo. Su barba era canosa y vestía unas ropas holgadas que probablemente había fabricado él mismo. Acabaron su sopa hasta la última gota.

– Así me gusta – les dijo el anciano con cara de satisfacción -. Ahora que ya os habéis repuesto de vuestro peregrinaje ya podemos hablar de lo vuestro.
– Verá, estamos aquí por… – empezó a decir Cloud.
– Sí, ya, los chocobos. Debo decir que no sois los primeros ni los últimos que aparecen por aquí buscando los secretos de la cría de chocobos. Lo más importante siempre es…
– Queremos el Chocobo Dorado – cortó Cloud.

El hombre quedó en silencio. Miró a sus dos comensales largo rato acariciándose la barba. Su mirada era penetrante. A pesar de su aspecto, en ese momento les pareció un hombre tremendamente sabio que estaba debatiéndose internamente. Sin esperarlo, el hombre rompió a reír con las manos en la barriga.

– ¡Eso es una leyenda, muchacho! – repuso jovialmente – Y, aunque realmente existiese el susodicho chocobo, ¿por qué iba a dártelo? – esta vez mostró sus pequeños ojos, que brillaban con suspicacia.
– Para salvar el mundo.
– ¡Vaya, claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿A ese nivel han llegado las historias sobre mis chocobos? ¿Ahora salvan el mundo también? – el hombre intentaba mantener su tono amable, pero empezaba a disgustarle la compañía de los dos nibelfeños.
– En realidad no. Venimos de parte del sabio Buggenhaggen – le dijo poniéndose en pie y blandiendo el amuleto del abuelo de Nanaki -. Se encuentra en sus últimas horas de vida y nos ha confiado esta misión. Necesito recoger la Materia de los Caballeros de la Mesa Redonda y dirigirme al Cráter del Norte para aniquilar a Sephiroth.
– ¿La Materia de los Caballeros? Esa es otra leyenda muchacho – le respondió Sabio con voz trémula.
– Por favor – le suplicó Cloud -. La única forma de llegar a la Isla de los Goblins y obtener la Materia de los Caballeros es con el Chocobo Dorado. Ninguna nave o barco es capaz de entrar o salir de allí sin estrellarse o naufragar. ¡Necesitamos que nos preste a su chocobo! ¡Debemos salvar el Planeta!

El anciano quedó pensativo una vez más. Su semblante había cambiado; ahora mostraba preocupación, pues debía tomar una decisión. Se dirigió a la ventana y echó un vistazo al cielo. La horrible visión de Meteorito le hizo darse la vuelta de inmediato.

– Acompañadme.

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3 comentarios to “Capítulo XXXIII – Cloud Strife (Parte Segunda)”

  1. Kro said

    Oie amigo la verdad esta genial tu hitoria, pero no la vas a continuar?? Llevo dias esperando a que publiques el proximo capitulo. Porfas^^

  2. tuseeketh said

    Kro,

    sí, la voy a continuar. Me he casado hace 10 días y he estado de luna de miel, y mañana me marcho de vacaciones. Como ves, estoy bastante desconectado del mundo durante estos días. Pero tranquila, que continuará :)

    Saludos.

    • Kro said

      Oie pues muxas muxas felicidades ehh, desde aqui t deseo lo mejor para ti y tu pareja y ojala y no tardes muxo porque realmente me encanto tu historia y me gustaria saber si tmb podrias hacer una del juego de crisis core, claro si tienes tiempo y una vez que termines esta jejeje nos vemos^^

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