Capítulo XXX – Dos

26 mayo 2008

– Yo me encargo – dijo Vincent adelantándose.
– De ninguna manera, Ruda es un adversario muy fuerte. Te ayudaré – repuso Cloud.

Vincent se destapó la boca y miró a Cloud con severidad.

– He dicho que yo me encargo. Ruda no me supondrá ningún problema.
– Espero que sepas lo que haces.

En ese momento llegaron Yuffie con Cid, totalmente respuesto.

– ¡Eh! ¡Escoria! ¿Qué demonios vais a hacer con mi cohete? – le espetó el capitán.
– Salvar el mundo – repuso Ruda.
– ¡El mundo no se va a salvar sin mí!

Corrieron hacia las escaleras. Ruda intentó plantarse delante pero Vincent se le apareció en mitad del camino y le agarró por la muñeca. El grupo aprovechó y subió al cohete. Cuando entraron, vieron a un montón de técnicos revisando distintas partes de éste.

– ¿Qué demonios pasa aquí? – les ladró Cid.
– ¡Capitán! – gritaron todos al unísono.
– Me alegro de que estés aquí – le dijo uno de los técnicos -. Van a lanzar el cohete contra Meteorito, repleto de Materia Enorme. Esperan desviarlo de su órbita.
– ¿Qué? ¿Van a usar mi cohete como proyectil? ¿¡Por qué habéis permitido semejante ultraje panda de idiotas!?
– Bue… bueno, es que vinieron Los Turcos, y bueno. No teníamos elección.
– ¡Apártate de mi camino!

Cid se abrió paso hacia los mandos. Cuando iba a empezar a pulsar botones el motor se encendió.

– ¿Qué?
– El piloto automático está programado. No hay marcha atrás.

— PERSONAL DE MANTENIMIENTO, APEENSE DEL COHETE. DIEZ MINUTOS PARA EL LANZAMIENTO —

Los técnicos salieron corriendo del cohete.

– Lo sentimos capitán, pero esto se cerrará automáticamente. Ya no hay vuelta atrás, deben salir del cohete – les informó el último de los técnicos desde la compuerta.
– ¡Ni muerto!

Empezó a tocar los controles del cohete, pero no hubo resultado. El control manual había sido desactivado. Las compuertas de entrada al cohete quedaron selladas.

– ¡Mierda! – exclamó Barret – No me jodas que nos van a enviar directos hacia Meteorito.
– No si yo puedo impedirlo – le dijo el capitán mientras pulsaba un botón -. Al habla el capitán Cid Vientofuerte. ¿Quién se ha encargado de la revisión y la desactivación del control manual?
– [Saludos capitán, al habla Shera, encargada de mantenimiento. ¿Cómo estás, Cid?]
– ¡Mierda, Shera! Aborta el lanzamiento. Estoy dentro con mis compañeros. ¡Esto es una locura!
– [Negativo, capitán. Usted ya no está al mando. Debe referirse al señor Palmer.]
– Shera, ¡vamos a morir!

Ruda lanzó una descarga eléctrica a través del brazo que Vincent desvió sin problemas hacia el cohete. Vincent dio un salto hacia atrás y disparó varias veces contra el Turco. Ruda apartó los balazos con la mano, como si fuesen moscas. Vincent sonrió y tiró el rifle al suelo. Se puso en posición de combate.

Ambos echaron a correr y se encontraron en mitad del camino. Puñetazos y patadas en todas direcciones que ambos esquivaban o bloqueaban. La pelea se llevaba a cabo a tal velocidad que era difícil seguirla. Cada vez que sus puños chocaban brotaban chispas, llamas o pedazos de hielo. Ruda usaba la Materia de Efecto Añadido, con lo que sus puños se convertían en armas mágicas. El Turco lanzó un puñetazo justo a la cara de Vincent que éste bloqueó con su brazo dorado. Agarró el puño de Ruda y apretó con todas sus fuerzas. Ruda lanzó un alarido y golpeó el suelo con el otro puño. El suelo se partió en dos y Vincent tuvo que saltar para evitar caer al vacío.

– Tienes buena Materia – le dijo Vincent.
– Por eso trabajo para Shin Ra.
– De hecho, Los Turcos sois lo que sois gracias a las armas y la Materia que os proporciona el departamento de Armas de Shin Ra. Sin ellos no sois nada.
– ¿Cómo te atreves? – Ruda apretó el puño – Qué sabrás tú de lo que debe pasar un Turco.
– Soy Vincent Valentine, pertenecí a Los Turcos hace algún tiempo.
– ¿Valentine? Esto se pone interesante.

Ruda lanzó un rayo con su mano derecha, pero Vincent creó una barrera mágica que lo disipó. Se cubrió con su capa y empezó a volar de forma ingrávida e impredecible. Ruda lanzaba rayos intentando alcanzarlo, pero cuando parecía darle, la capa de Vincent se arremolinaba una vez más y aparecía dos metros más arriba. Poco a poco el ex-Turco fue acercándose a su objetivo. Extendió su capa frente a él y lanzó un zarpazo con su garra dorada que desgarró la camisa de Ruda y le abrió una herida en el pecho. El Turco dio un paso atrás y alzó ambos brazos. Un torrente de fuego brotó justo debajo de Vincent que desapareció. Ruda sonrió. Entonces, notó la presión de dos delgados brazos que lo inmovilizaron desde atrás.

Sonó una alarma. El cohete empezó a emitir un ruido insoportable, y sus propulsores se pusieron al rojo vivo. Iba a despegar.

– ¿¡Oyes eso!? – le dijo Ruda a Vincent – El cohete va a despegar. Va directo hacia Meteorito, y tus amigos están dentro.
– ¡Eso es mentira! – repuso Vincent.
– ¿Ah sí? ¿Por qué íbamos a necesitar un cohete a estas alturas? Vamos a intentar desviar Meteorito con el cohete.
– Ese cohete sería como una mosca para Meteorito en su camino.
– ¡Ja! Por eso lo hemos llenado de Materia Enorme. Ya les puedes desear buen viaje a tus amigos.
– ¿Qué?

Vincent entendió el plan de Shin Ra. No era tan descabellado a fin de cuentas. El problema es que sus amigos se encontraban en el interior de ese cohete. Debía salvarlos.

– Buen viaje a ti también – le dijo a Ruda mientras le ponía la palma de la mano contra la espalda.

Se produjo una explosión entre la mano de Vincent y la espalda de Ruda, y éste último salió despedido varios metros por el aire. Vincent no perdió el tiempo y subió por la escalera. Pudo ver a un grupo de técnicos abajo que le indicaban que se marchase de ahí. No pensaba irse sin intentar salvar a sus amigos. Se encaramó por el cohete en busca de alguna parte que fuese lo bastante débil como para romperla. Llegó a un ventanuco y vio a sus amigos. Cid se acercó y le hizo una señal que no entendió. Vincent hizo ademán de romper el ventanuco, pero Cid se puso histérico. Le hizo un gesto para que se marchase. Vincent, desesperado, buscó la mirada de Cloud. El líder le hizo una señal con el dedo para indicar que todo estaba bajo control. El ex-Turco asintió.

El cohete empezó a subir. Se tambaleó ligeramente pero pudo corregir la inclinación. Vincent saltó, se ocultó tras su capa y se alejó hacia los árboles más próximos. La base del cohete quedó totalmente negra, y toda la vegetación de los alrededores fue devastada. Las casas más próximas al cohete quedaron afectadas seriamente. Los habitantes de Ciudad Cohete no pensaron jamás que despegaría algún día. Pero sí lo hizo, y ahora Cloud y los demás viajaban en él en un camino sin retorno hacia Meteorito.