Antes de que Cloud pudiera incorporarse Sephiroth le segó la cabeza con Masamune. El cuerpo decapitado del ex-shinra cayó al suelo y se convirtió en polvo. Su espíritu había desaparecido para siempre, y con él toda esperanza.

Sephiroth aprovechó el túnel interdimensional abierto por Cloud para volver al mundo de los vivos. Su cuerpo se materializó de nuevo al lado del cuerpo abatido de Cloud. Aprovechó para clavar Masamune en su cabeza, por si a caso. Sephiroth se elevó a gran velocidad hasta alcanzar el lugar donde halló a su madre muerta junto a los miembros de Avalancha. Ciego de furia, Sephiroth cortó en trocitos a todos y cada uno de ellos. Empezó por Tifa, a quien trituró a consciencia, como venganza personal por todo lo cometido por Cloud.

Una vez los hubo matado a todos tomó la Materia revivir y revivió a Aerith solo por el placer de volver a matarla. La Anciana apareció frente a él rezando. Antes de que pudiera mirarle a la cara Sephiroth ya la había ensartado. Le pareció tan divertido que volvió a revivirla unas cuantas veces para volver a matarla. La crueldad de Sephiroth no tenía límites.

Escapó del cráter e hizo explotar Vientofuerte. Hecho esto sobrevoló el océano para ver como su invocación destruía el Planeta. Llegó a Midgar en mitad de la noche y Meteorito ya estaba arrasando la ciudad. Pero algo iba mal. Meteorito no se movía, había alguien sujetándolo. Era Cloud. No podía creerlo. Acababa de darle muerte en ambos mundos, ¿qué hacía allí? Bajó a reunirse con él para pedirle explicaciones.

– ¿Qué haces aquí? Ya te he matado – le gritó con crudeza Sephiroth.

– Ah, hola. Pues ya ves, tenía equipada la Materia ataque-final con revivir, y aquí estoy. Cada vez que me mates reviviré de nuevo. ¿Guapo, eh?

– Ya te digo, eso es la hostia. ¿Cómo no se me había ocurrido a mí? – se extrañó Sephiroth – Si lo hubiera sabido antes no habría muerto el día que me tiraste al makko, cabrito.

– ¡Ja ja ja! Es lo que hay. Reconoce que ahí te he superado. Soy más fuerte que tú, y más listo, como David el gnomo.

Este último chiste no le hizo ni pizca de gracia a Sephiroth. Los ojos se le inyectaron en sangre y empezó a buscar en sus bolsillos. Dinero, condones, una navaja… Materia Negra. Sacó la Materia Negra de su bolsillo e invocó a otro Meteorito. Y a otro.

– ¿Cómo has hecho eso? – le preguntó Cloud intrigado.

– Materia de invocación W.

– ¡Qué tío!

Los otros dos Meteoritos cayeron sobre el primero y Cloud ya no pudo aguantar mucho más. Su fuerza sobrehumana empezaba a fallarle y a Sephiroth empezaban a escapársele los pedos de la risa que le había entrado. Cansado de esperar, se dirigió hacia Cloud y le hizo cosquillas.

– ¡Ja ja ja! ¡No! ¡PARA! – le espetó Cloud.

– Maldita nenaza, vas a dejar que tu mundo explote solo por unas cosquillas.

– ¡Para, mamonazo, que no lo soporto!

– Haber equipado Materia anticosquillas.

Cloud dejó de aguantar los tres Meteoritos y éstos impactaron sobre el Planeta, que quedó reducido a polvo estelar. Entonces la Cloud revivió y se encontró en mitad de la nada, y murió de asfixia. Pero revivió, gracias a su Materia, y volvió a morir asfixiado. Pero revivió, y volvió a morir asfixiado. Y así pasó el resto de la eternidad, muriendo y resucitando para siempre.

Fin.

¡FELIZ DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES!

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