Capítulo XIII – Tres

8 noviembre 2007

El armero le dijo a Cloud que tardaría una semana en reparar su espada, pero una suma de dinero considerable hizo que el armero se diera algo más de prisa. Al día siguiente tendría su espada. Aun así, un día suponía un atraso. Cloud decidió no desperdiciar el tiempo y se aisló en una cala salvaje muy pequeña donde las olas rompían con fuerza. El descenso a la cala no había sido fácil, pero merecía la pena por la intimidad que ésta le ofrecía.

Con la Materia potenciadora mental que le había dado su pupila, Cloud se veía capaz de llevar a cabo la invocación que le dio Priscilla en Puerto Junon. Había trasladado toda su Materia a la armadura que llevaba en el hombro. En los tiempos que corrían no era conveniente dejar Materia a cualquier desconocido.

Se concentró todo lo que pudo. Allí estaba, plantado sólo en una pequeña cala, frente al mar. Logró establecer contacto mental con el mundo de la criatura. Podía ver montes cubiertos de nieve e inmensos lagos helados. El lugar parecía desierto. El blanco era el color predominante. Su mente viajó a través de las montañas y pudo vislumbrar una pequeña cueva. Se estaba acercando, podía sentirlo.

Pero Cloud no estaba solo en aquél sitio como él pensaba, Tifa se encontraba en lo alto del acantilado que los separaba, observándole. A Tifa le gustaba observar a Cloud cuando éste no advertía su presencia. Estaba tan enamorada del ex-SOLDADO que si le hubiera pedido que se tirara por aquél acantilado en ese mismo instante, se hubiera tirado. En ese momento en que nadie la veía podía observar a Cloud sin apartar los ojos ni un instante, suspirando a cada momento. Salió de su ensimismamiento. Cloud parecía estar lográndolo.

El agua se agitaba y la arena se arremolinaba alrededor de Cloud. El característico resplandor verde aparecía bajo sus pies y le envolvía poco a poco. Pero algo diferente ocurrió esta vez: decenas de esferas traslúcidas de colores parecían brotar del suelo y perderse en la inmensidad del cielo. Cloud empezó a levitar y sus ojos se pusieron en blanco. En el interior de aquella cueva había visto al fin a la criatura a la que intentaba invocar. Era una hermosa diosa helada. Su piel era azul, al igual que sus ojos y su larga melena. Tenía facciones angulosas y su semblante era serio. La mujer afirmó con la cabeza.

En ese momento un bloque de hielo emergió delante de Cloud. La visión era irreal. Dentro del témpano, la mujer estaba encogida. Abrió los ojos y recorrió el lugar con ellos. Se estiró con violencia y el bloque de hielo estalló en mil pedazos. La mujer bajó levitando suavemente hasta Cloud que le devolvió la mirada.

– Siento haberte molestado en vano – dijo Cloud con una voz profunda – Quería establecer un primer contacto contigo. Quería comprobar el alcance de tu poder.
– Mi nombre es Shiva – dijo la diosa con una voz que parecía venir de diferentes sitios a la vez. Alzó un brazo y apuntó hacia el mar, que se congeló en una fracción de segundo en varios kilómetros hacia el horizonte. Cloud y Tifa no podían creer lo que acababan de presenciar. El poder de aquella criatura era simplemente ilimitado. Tener a una aliada así no tenía precio. La mujer observó la cara complaciente de Cloud y entonces deshizo el hielo de nuevo. La playa había vuelto a la normalidad – Llámame cuando me necesites y acudiré – y dicho esto se esfumó dejando una neblina azul en el lugar donde se encontraba.

Cloud se desmayó. El esfuerzo mental que requiere transportar a una criatura de otro mundo al suyo era descomunal. Tifa bajó a toda prisa a reanimarlo.