Barret Wallace

Barret Wallace

Barret Wallace, fundador del grupo rebelde Avalancha, natural del antaño próspero Corel. Su desgracia siempre ha venido de la mano de Shin Ra S.A. Nacido en el seno de una familia de mineros, Barret era una de las personas más influyentes de la aldea. Pero hubo un fatídico día en el que aceptó el cierre de las minas y aprobó la instalación de un reactor de makko, enfrentándose así a su mejor amigo Dyne.

La desgracia de Barret llegó el día en que se produjo una explosión en el reactor, y algún cobarde culpó a los habitantes de Corel para no asumir su parte de responsabilidad. Tras leer los informes que hablaban de rebelión y sabotaje en la aldea de Corel, el presidente de Shin Ra, ya por entonces mucho más que una empresa energética, mandó quemar la aldea y asesinar a todo el que fuera sospechoso. Los padres, los amigos y la esposa de Barret, Myrna, perecieron.

Estos hechos sucedieron mientras Barret y Dyne se encontraban fuera de la aldea. Al regresar pudieron ver a lo lejos el humo negro que se alzaba dibujando la muerte en el cielo. Intentaron entrar en la aldea para rescatar a los supervivientes, pero Scarlata les esperaba con una comitiva formada por soldados armados. Mientras intentaban escapar, Dyne resbaló y se precipitó por un desfiladero pero Barret le sujetó por el brazo y evitó su caída. El impacto de las balas destrozó el brazo a ambos. Dyne cayó al vacío y Barret, que logró escapar y ocultarse, le dio por muerto. La semilla del odio hacia Shin Ra había germinado en su corazón.

Cuando las tropas de Shin Ra dejaron la ciudad, Barret entró a buscar supervivientes. Por desgracia la aldea había sido arrasada a conciencia. Cuál fue su sorpresa cuando escuchó el llanto de un bebé que provenía de entre los escombros. Aquel bebé era la hija de Dyne, Marlene. Barret la adoptó como a su propia hija y marchó hacia el sur. Solo, sin comida, con un muñón en un brazo y un bebé en el otro, Barret recorrió kilómetros hasta llegar a Cañón Cosmo, donde fue auxiliado de inmediato.

La estancia de Barret se prolongó. Allí conoció a gente muy interesante que, al igual que él, estaban en contra de Shin Ra y sus reactores. Muchos viajeros que peregrinaban en el cañón le explicaban historias de reactores y matanzas llevadas a cabo por Shin Ra. Su odio y su rencor eran cada vez más grandes. Alguien muy sabio que habitaba en Cosmo le dijo una vez que estos sentimientos le nublaban la cabeza y dificultaban su aprendizaje, pero Barret opinaba justamente lo contrario. Había devorado en poco tiempo decenas de libros y sabía mucho ya acerca de la vida del Planeta y la Corriente Vital. Fue entonces cuando su sentimiento de culpa le punzó con más fuerza, pues él había aprobado la instalación de un reactor que estaba acabando con la vida del Planeta.

Finalmente resolvió crear un grupo rebelde que lucharía por el Planeta, aunque más bien era un grupo anti-Shin Ra. Lo llamó Avalancha. Se injertó un brazo-arma en el muñón y abandonó Cañón Cosmo con Marlene y sin la aprobación de aquel hombre sabio. Se instaló en los bajos fondos de Midgar. Allí encontró aliados rebeldes, entre los que se encontraba una bella muchacha que se ganaba la vida en un bar de poca monta que más tarde se convertiría en la tapadera perfecta para instalar la base de Avalancha.

Tras varios años de sabotajes y atentados contra Shin Ra sin demasiados resultados, llegó lo que él llamaba “un golpe de suerte”. Al parecer un conocido paisano de la muchacha del bar era un ex-shinra, y estaba dispuesto a luchar con ellos a cambio de dinero. Pero no se trataba de un ex-shinra cualquiera: era un ex-miembro de SOLDADO. El primer golpe que planearon fue la destrucción de los reactores de makko de toda la ciudad. Pero las cosas se complicaron en el segundo reactor. Lograron escapar, pero Shin Ra derribó todo un sector de la placa superior para eliminar a Avalancha y destruir su base secreta. Una vez más, Barret se sintió culpable por haber sembrado la destrucción con sus acciones y haber provocado la muerte de sus amigos a manos de Shin Ra.

Aquello fue el principio de un gran viaje. Atravesaron el océano en barco, surcaron los aires con una aeronave y explorar el fondo del mar con un submarino. Durante todo aquel tiempo Barret había tenido tiempo de volver a su ciudad natal y enfrentarse a su pasado. Ahora la vida del Planeta pendía de un hilo. El ex-shinra, ahora líder de Avalancha, le había ordenado pasar sus últimas horas con sus seres queridos. En un par de días la aeronave volvería a por él, pero no podría embarcar de nuevo si no encontraba una razón para luchar.

Se encontraba en Kalm, sentado en el poyo de la ventana de una vieja casa, sintiendo el aire fresco. Recordó todas las muertes que había presenciado en los últimos años y una lágrima resbaló por su mejilla. De pronto notó el tacto cálido de la pequeña mano de Marlene posándose en su muslo.

– Papá, ¿por qué lloras?

Barret tomó a la pequeña entre sus enormes brazos y le señaló el horizonte.

– ¿Verdad que el paisaje es bonito? – le preguntó dulcemente a la niña.
– Sí, mucho. Yo quiero vivir en Kalm para siempre.
– Por eso precisamente llora papi, pequeña. De aquí a unos días tendré que marcharme de nuevo a luchar contra un señor malo que quiere destruir el Planeta.
– Y, ¿Kalm también?
– Sí, hija, también Kalm, y este paisaje. Por eso papá ha podido estar más contigo. Debo luchar para que todo esto no sea destruido – besó a la niña en la frente – (Este es mi motivo) – pensó.