Capítulo XVII – Nueve

9 noviembre 2007

– ¡¡¡Dispersaos!!! – gritó Cloud, blandiendo su espadón con ambas manos.

El grupo se dispersó. El monstruo, al ver tantos blancos móviles en tantas direcciones vaciló por un momento. No tardó en decidirse. Clavó sus ojos ámbar sobre Tifa y se movió rápidamente. Cada vez que clavaba una de sus garras en el suelo, la cueva se estremecía. A pesar de su tamaño, la bestia se movía con una rapidez propia de un insecto menor. Pronto se situó sobre Tifa, sosteniéndose sobre cuatro de sus séis garras. Alzó una de sus garras libres y se dispuso a acabar con Tifa, que gritó asustada y cayó al suelo.

La garra casi había alcanzado a Tifa cuando Cloud se interpuso entre ellas, desviándola con un sólo revés con su espadón. El guardián de Materia casi perdió el equilibrio. Se hizo el silencio.

– Nunca dejaré de alucinar con este tío – le susurró Barret a Yuffie con los ojos clavados en la insólita escena que acababa de presenciar. ¿Cómo podía haber desviado la estocada de aquella mole con un solo brazo?

Cuando el guardián salió de su asombro, fijó su mirada en Cloud. Debía terminar con él. Lanzó una nueva estocada, tan rápido que era difícil seguirla con la mirada. Cloud la rechazó de nuevo con un espadazo. El guardián gritó, montado en cólera. Una tras otra, las estocadas del guardián eran desviadas por Cloud, aunque éste iba perdiendo terreno. El guardián lo acorralaba contra una de las paredes. Todos observaban la escena, atónitos.

– Creo que vuestro amigo necesita ayuda – les dijo Vincent que había aterrizado desde algún lugar. Esto sacó de su ensimismamiento a todo el grupo.

Vincent corrió hacia donde se encontraban el monstruo y Cloud y, de un salto vertiginoso, subió al lomo del guardián. Cargó su rifle y rompió a disparar sobre su cabeza. El guardián dejó a Cloud e intentó sacarse a Vincent de encima. Sus garras intentaban alcanzarle, retorciéndose de una forma casi imposible, pero Vincent saltaba en el último momento, haciendo que sólo cortaran el aire. Visto desde lejos, Vincent parecía una pequeña mosca revoloteando alrededor del monstruo y atestándole disparos por doquier.

– Pero, ¿Qué es esto? – gritó Yuffie al mirar su retaguardia, alertada por un sonido extraño. Un grupo bastante numeroso de insectos de distintos tamaños se acercaba por la espalda.
– ¡Acabemos con ellos! – exclamó Barret a la vez que cargaba su arma y empezaba a disparar a diestro y siniestro. Los insectos explotaban, salpicándoles con su sangre verdosa.
– ¡Qué asco! – se quejó Yuffie.

Cloud aprovechó el entretenimiento que Vincent estaba ofreciendo al monstruo para huir unos metros. Dio varias vueltas sobre sí mismo con la espada a modo de contrapeso, luego describió un arco hacia atrás con los brazos, haciendo que la espada tocara sus talones.

– ¡Cuidado! – alertó.

Describiendo un semicírculo perfecto, Cloud dio un espadazo transversal en el aire, que provocó un haz dorado que salió disparado hacia el guardián de Materia. Vincent desapareció tras su capa y el monstruo apenas pudo reaccionar al ver venir el ataque. Se apartó rápidamente, pero el haz cortó limpiamente una de sus patas. Emitió un grito que asustó al resto de pequeños insectos que Barret y Yuffie mantenían a raya.

Vincent aterrizó junto a Cloud.

– ¿Qué graduación tenías como SOLDADO?
– Primera Clase.

El guardián de Materia empezó a dar vueltas sobre sí mismo, buscando a los culpables sin resultado. Estaba furioso. Nunca nadie se había atrevido a plantarle cara. Como no los encontraba se encaró con Tifa de nuevo. Corrió hacia ella, pero Red se cruzó en su camino, dejando una llama a su paso a modo de barrera. El monstruo frenó en seco y observó al nanaki.

– Vamos, te estoy esperando… – susurró Red mientras movía el rabo de un lado para el otro.

El monstruo se posó sobre tres patas y pareció hincharse por un momento.

– ¡¡¡Apártate!!! ¡¡¡Es un trino!!! – le gritó Vincent. Acto seguido se rodeó con su capa y saltó para reunirse con Red.

El monstruo abrió la boca y un vapor dorado brotó de ella en dirección a Red. Vincent se interpuso en intentó detener el ataque con ambas manos, pero no sirvió de nada. El humo le rodeó y se solidificó, encerrándolo dentro. Una serie de explosiones se sucedieron dentro del recipiente donde se encontraba el ex-Turco. Finalmente, las paredes se quebraron y Vincent salió despedido varios metros.

Red corrió en su auxilio pero el monstruo se cruzó en su camino, dispuesto a soltar una nueva bocanada. Pero alguien le atestó un golpe en una de sus patas y le hizo perder el equilibrio. Para sorpresa de todos, Tifa se encontraba allí, con el brazo extendido.

– ¡Aerith! Ocúpate de Vincent – gritó.

Tifa se ajustó los guantes y aprovechó el estado del monstruo para atestarle varios golpes más. Sus puñetazos y sus patadas se enlazaban de una forma totalmente armónica, convirtiendo sus ataques en una danza mortal. La coraza escamosa del guardián cedió finalmente y Tifa hundió su brazo en el vientre de la bestia. Una sensación nada agradable, pues el guardián estaba haciendo la digestión de un lagarto volador.

El monstruo empezó a moverse espasmódicamente, y Tifa se retiró con varias piruetas. El monstruo se puso en pie como pudo y observó al grupo. Estaba más furioso que nunca. ¿Quiénes eran aquellas pequeñas criaturas tan poderosas? Cloud apareció de nuevo en escena, saltando a la altura de su cabeza e intentando degollarle. El guardián se percató y ocultó su cabeza justo a tiempo.

– Escuchad, voy a recurrir a una vieja técnica del clan Nanaki, pero me llevará un rato conseguirlo. Necesito que le distraigáis – dijo Red.
– No hay problema – contestó Cloud -, ¿Qué tal tú? – le preguntó a Tifa.
– ¿Yo? – Tifa se sorpredió de que Cloud contara con ella para la batalla – Estoy lista.
– Bien. Voy a acosarle con una lluvia de rayos. Quiero que aproveches entonces para destrozarle la otra pata delantera. Eso le restará mucha movilidad.

Tifa asintió convencida. Siempre había querido participar en la batalla, pero ahora sentía miedo. El guardián de Materia era un rival demasiado poderoso. Por otro lado, no pensaba decepcionar a Cloud.

Como había dicho, Cloud enfundó su espadón y estiró ambos brazos. Una lluvia de rayos cayó sobre el monstruo, que empezó a moverse de un lado a otro, sin saber como defenderse. Los rayos dejaban marca en su piel azulada.

Por otro lado, Red se concentraba al fondo de la cueva, junto al final del tubo. Barret no dejaba de disparar a los insectos, que les ganaban terreno poco a poco. Yuffie saltaba de un lado a otro, enviando cortes que partían en dos a sus adversarios. Vincent empezaba a recuperarse bajo las manos curativas de Aerith. No obstante, los derrames volvieron a su cara y tenía un aspecto deplorable. Tenía las venas de la cara y del cuello dilatadas y respiraba con dificultad.

– Tranquilo, te pondrás bien – le decía Aerith.
– ¿Qué demonios hace Red? – preguntó Barret que no entendía por qué el nanaki se plantaba allí sin ayudar lo más mínimo.
– Está preparando un ataque – le respondió Cait Sith -. Debe estar concentrándose.
– ¡Ahora! – gritó Cloud mientras intentaba mantener la tormenta de rayos, aunque el esfuerzo empezaba a agotarle.

Tifa salió disparada hacia su adversario. La tormenta cesó y el guardián quedó totalmente anonadado. Tifa se lanzó con furia, con una patada voladora exquisita, e impactó justo en la articulación de la pata delantera. Con un ‘crac’ bastante desagradable, la pata se partió en dos. Tifa saltó hacia atrás, dando varias vueltas, y volvió a adoptar su posición de ataque.

– ¡Lo he hecho!

Red echó a correr, pero, desafiando toda ley de la física, no se movía del sitio. Parecía estar corriendo sobre una cinta invisible. A medida que pasaba el tiempo, sus movimientos eran más rápidos. Una película ardiente con forma ovalada surgió frente a él. Había alcanzado tal velocidad de movimiento que no podían distinguir nada entre las llamas que lo envolvían. Fue entonces cuando emitió un aullido que captó la atención de los demás.

– ¡Ahí va el gato! – gritó Barret usando su mano a modo de megáfono.

El guardián todavía movía su muñón de un lado a otro, incrédulo, cuando vio venir la bola de fuego en la que se había convertido Red. Echó a correr hacia su derecha, pero Red cambió también su dirección. Inevitablemente, el proyetil animal atravesó totalmente el cuerpo del guardián, dejando un boquete de dos metros de diámetro en su tronco.

– ¡Yuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu uuuuuuuuuuuuuju! – exclamó Barret disparando al techo.
– Esa ha sido una gran jugada – dijo Cloud caminando hacia el cuerpo inerte del guardián.
– ¡Podremos quedarnos con la Materia! – se alegraba Yuffie.

Pero las celebraciones habían llegado demasiado pronto. El guardián se movió una vez más, y con sus cuatro patas alzadas, aplicó Materia curativa sobre sus heridas, que empezaron a cicatrizar rápidamente.

– ¡Me cago en la leche! – Barret no daba crédito.
– Esa bestia es capaz de usar Materia – dijo Vincent jadeando.

Cloud sacó su espada dispuesto a plantarle cara una vez más.

– Un momento – le frenó Tifa.
– ¿Tienes un plan?
– Creo que sí. Verás… cuando espié a Scarlatta y Zeng en Gongaga, recogí algo que ella deshechó – Cloud la miraba extrañado -. Es igual, déjame intentar algo.

Ante la atenta mirada del grupo, Tifa estiró ambos brazos hacia arriba. Un remolino verde surgió bajo sus piés. Decenas de esferas multicolor rodearon el cuerpo de Tifa. Ésta empezó a levitar y sus ojos se pusieron en blanco. Cloud la miraba, maravillado. Era increíble lo que estaba ocurriendo. La evolución de Tifa en aquel tiempo había sido impresionante. Estaba invocando a una criatura, ella sola. Por otra parte, le sorprendió también que encontrara Materia de invocación y no lo hubiera compartido con nadie. ¿Se habría entrenado a solas?

El suelo se abrió, y un enorme hombre musculoso brotó violentamente. Tenía una melena blanca recogida en una cola. Sus ojos estaban en blanco. Era tan grande o más que el guardián. Su nombre era Titán. Tifa señaló en dirección al monstruo y Titán echó a andar, haciendo surcos en el suelo. El monstruo se puso en guardia, pero no tenía nada que hacer. Titán dio un pisotón y toda la cueva tembló. Un enorme bloque de piedra se alzó frente a él. Lo cogió con ambas manos y le atizó un golpe al guardián que le hizo volar hasta la pared. Aun no se había recuperado del golpe cuando Titán se abalanzó sobre él y, de un codazo, hundió su cuerpo en el suelo. Pero el guardián no se rendía. Salió del agujero de un salto y rodeó el cuerpo de Titán, arañándole el pecho y la espalda. Titán gritó tan fuerte que un bloque de piedra cayó justo al lado de donde estaba el grupo.

– Deberíamos aprovechar para huir – propuso Cloud.
– Opino igual – le respaldó Red.
– Pero, ¿Qué dices? – le repuso Yuffie mientras cortaba a una langosta de metro y medio en dos – Ese tío le está atizando bien.
– Tú lo que quieres es la Materia – le contestó Barret – Cloud, larguémonos de aquí.
– Vincent, ¿Estás en condiciones?
– Podré salir de aquí son problemas.
– Bien. Tifa, haz que Titán retenga al guardián un poco más.

Tifa asintió. Titán agarró una de las patas del guardián y lo sacudió en el aire a modo de saco. Luego lo estampó contra la pared. El guardián intentó devolverle el ataque, pero Titán lo inmovilizó con ambos brazos contra la pared.

– ¡Vámonos de aquí! – gritó Cloud, moviendo ambos brazos.

Echaron a correr, perseguidos por los monstruos que seguían llegando por la parte trasera. Red envió varios fogonazos para ahuyentarlos. Vincent echó una última mirada al guardián que miraba impotente como el grupo se escapaba de sus garras, furioso. Atravesaron el hueco que conducía a campo abierto. Los monstruos no se atrevieron a alejarse de la seguridad de las sombras. El aire fresco les hizo sentir que acababan de despertar de una pesadilla, pero un grito de rabia del guardián les hizo volver a la realidad. Debían correr y alejarse lo máximo posible de allí. Habían ganado una vez más.