Capítulo II – Cuatro

7 noviembre 2007

– ¡Hola, mamá! Ya estoy en casa – Aerith entró al trote en casa y se abalanzó sobre un jarrón que había lleno de flores. Las olió como si aquello fuera lo último que iba a oler en su vida – estás en casa, Cloud. No te cortes.

La madre de Aerith bajó por las escaleras.

– Hola, hija. Quería decirte algo y ahora no me acuerdo. Creo que era sobre… – al ver a Cloud se quedó callada.
– Es Cloud mamá, es mi guardaespaldas – Aerith formó un ángulo recto con un brazo intentando sacar bola – es muy fuerte, me ha salvado de los Shin Ra.
– Ah, encantada, Cloud, yo soy Elmyra. Soy la madre de Aerith – miró a su hija – espero que no te haya dado muchos problemas, es una chica algo nerviosa.
– Por favor, no tengo cinco años…
– Tranquila, no ha sido nada – se peinó el flequillo – creo que será mejor que me vaya.

Aerith corrió hacia Cloud y se agachó para mirarle a los ojos.

– ¿Te vas a ir ya?
– Sí, debo irme.
– Yo quiero que te quedes.
– Debo ir al bar de Tifa en el sector 7. Debe estar preocupada.
– ¿Tifa? – abrió mucho los ojos. Ahora podía verse el remolino de texturas que el makko suele dejar en los ojos – ¿Es… tu novia?
– ¿Novia? – no sabía qué decir. Quizá si le decía que sí se la podría quitar de encima y volver a su trabajo. Sin saber siquiera por qué descartó aquella posibilidad – no… Tifa es una amiga de la infancia.
– Ah, mejor – le guiñó el ojo – Vamos Cloud, sólo será esta noche. Se está haciendo tarde y los suburbios del sector 6 son peligrosos.
– Eso no me preocupa.
– Por favor, hazlo por mí. Quédate esta noche – la florista le cogió el brazo y se aferró a él con fuerza.
– Está bien. Pero mañana temprano me iré, no quisiera molestar.
– No es molestia alojar al salvador de mi hija – la madre de Aerith sonrió y se fue a la cocina – prepararé una cena de las que no has comido nunca – gritó.

Tras la cena charlaron un buen rato. Elmyra parecía preocupada cuando se enteró de que los Shin Ra habían intentado raptar a Aerith. Cuando la madre le preguntó a Cloud en qué trabajaba, Aerith respondió rápidamente diciendo “es un hombre para todo, hace lo que hace falta”. Era una bonita forma de definir a un mercenario. Tras agradecerle la cena a Elmyra, Cloud subió arriba con Aerith que le indicó cual era su habitación.
Había dejado un ramo de flores encima de la cama con una nota en la que decía “gracias por haberme salvado”.

Eran casi las cinco de la madrugada. Cloud no podía dormir. Llevaba toda la noche sentado en la cama pensando qué hacía allí. Tenía ganas de ver a Tifa para que supiera que estaba bien. Curiosamente a Tifa era a la única persona a quien Cloud apreciaba de verdad.
Se levantó. “Ya está bien”. Abrió la puerta con cuidado y pasó de puntillas por el pasillo. Cuando bajaba las escaleras podía oír su propio corazón latiendo con fuerza. Se preguntó si volvería a ver a Aerith.

Salió por la puerta y anduvo a paso ligero. La gente le miraba con desprecio. En aquellos lugares Cloud era un forastero y la gente de abajo no es muy amigable. Llegó a la esquina que devolvía a la calle principal y miró hacia atrás. “Adiós, Aerith”. Se apoyó en la pared para ajustarse las botas y notó que había puesto la mano sobre un papel. Era una octavilla. Era propaganda de un lugar llamado ‘EL PARAÍSO DE LAS TORTUGAS’. “Qué nombre tan ridículo”.

Salió corriendo y cuando iba a cruzar el portón que conducía al sector 6 se encontró con alguien conocido esperándole.

– Así que pensabas irte sin mí.
– Lo siento, no quiero involucrarte en mis negros asuntos.
– Muy bien, pues que sepas que te debo una y quieras o no pienso acompañarte.

Cloud movió la cabeza de un lado al otro. Luego sonrió. Se alegraba de verla después de todo.

– Será mejor que sepas usar ese cayado.
– Me crié en los suburbios. Sé defenderme.

Avanzaron en silencio por las calles del sector 6. Era un lugar realmente horrible, mucho peor que el sector 7 y el 5. No parecía vivir nadie allí. Había edificios derruidos, casas sin techo. Por doquier personajes extraños y seres nocturnos vagaban sin rumbo aparente. El camino dejó de ser camino y tuvieron que pasar como pudieron por encima de las ruinas y los restos de algunos vehículos.
Llegaron a un parque infantil donde había un tobogán con forma de cara de animal. Aerith corrió y se subió.

– Aquí venía yo a jugar de pequeña – gritó desde lo alto – ven conmigo.

Cloud miró hacia el otro lado. Allí estaba la puerta hacia el sector 7, ya estaban cerca de El Séptimo Cielo. Fue al tobogán y se sentó junto a Aerith.

– Sólo un rato, ya casi estamos – le dijo a Aerith que no parecía hacerle caso.
– ¿Qué rango tenías?
– ¿Qué? – Cloud no entendía a qué venía eso ahora.
– Ya sabes… como SOLDADO.
– Era un… – Cloud sintió un pinchado en la sien. Se apoyó en el columpio y ladeó la cabeza en señal de dolor – … un primera clase.
– Vaaaya, no está nada mal. Mi antiguo novio también era un primera clase.
– ¿Quién era? Igual le conozco.
– Nadie. No importa.

La puerta del sector 7 se abrió ruidosamente. Apareció un carruaje adornado de una forma algo extravagante. El conductor llevaba un traje negro y sombrero de copa. Cuando el carruaje pasó Cloud pudo ver a una chica asomada por la ventanilla trasera. No pudo creerlo. Era Tifa. Iba vestida de gala con un traje azul lleno de lentejuelas.

– ¡Tifa! – se levantó y miró a Aerith – debemos ir a buscarla.
– ¿Esa es tu amiga? Tiene una pinta algo extraña… – Aerith sabía qué tipo de chicas iban vestidas así hacia aquella parte del sector 6.

Cloud le echó una mirada fulminante. Aerith se sintió algo incómoda. Se dio cuenta de que el comentario que había hecho no era muy afortunado.

– Está bien, vayamos a buscarla – miró en la dirección en la que se había marchado el carro – Maldita sea… odio el Mercado Muro…

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