Capítulo Final – Tres

22 octubre 2009

Jénova se echó a un lado. A pesar de su gran masa poseía una agilidad notable. Con un movimiento rápido extendió el tentáculo y agarró a Tifa al vuelo. Red saltó y se aferró al grueso tentáculo con sus garras, mordiendo y despedazando la carne putrefacta al mismo tiempo. Jénova aulló, pero no soltó a Tifa. Cloud desenvainó su espadón, pero Barret se interpuso en su camino.

– Eh, novato. No tienes nada que hacer aquí.
– Déjame, Barret. Tengo que salvarla.
– Escucha, la dejas en buenas manos. Si no cumples tu misión no nos salvaremos ninguno. Así que haz el favor y ve a por él – dicho esto agarró a Cloud con ambas manazas y lo elevó del suelo. Se acercó hasta el abismo y observó con pavor la corriente vital -. Te habría seguido hasta el final, mi líder – le susurró. Su rostro se tornó amable -. Pero allá donde vas nadie puede seguirte. Te deseo toda la suerte del mundo – dicho esto arrojó a Cloud al makko, que se tragó el delgado cuerpo del ex-shinra sin producir ningún ruido – Bien… – dijo para sí mismo Barret – ¿por dónde íbamos? Ah, sí… ¡AAAAAAARGH!

El hombretón de Corel se giró y disparó con su brazo-arma justo entre los ojos de la bestia. La cara de Jénova se desfiguró rápidamente. Se echó atrás, pero Barret corría hacia ella con el brazo en alto sin dejar de disparar. Pensaba vaciar el cargador hasta reventarla. El tentáculo se relajó y dejó ir a Tifa, que salió despedida. Por suerte Vincent la atrapó en el aire. Barret continuaba su brutal ofensiva a pesar de que Jénova intenaba parar las balas con los tentáculos. Cuando se encontró lo suficientemente cerca, el hombretón clavó su brazo en la cabeza de Jénova, tocó un pequeño botón en su arma para cambiar al modo lanzagranadas. Sin más dilación empezó a expulsar granadas sin parar que atravesaban las carne de Jénova y se introducían en el interior. Tras varias granadas un tentáculo golpeó a Barret que cayó al suelo de bruces. Entonces las granadas hicieron explosión en el interior de la bestia, provocando varias grietas en su piel de las que brotaron trozos de carne deshecha y mucha, mucha sangre. El hedor era insoportable.

A pesar de tener la cabeza totalmente destrozada y sus órganos reventados, Jénova seguía con vida. Lanzó otro ataque con sus tentáculos, esta vez con Vincent como objetivo. El ex-Turco brincaba de un lado al otro de la plataforma rocosa evitando los tentáculos, no sin dificultad, mientras disparaba su rifle. Finalmente cometió un error de cálculo y la huesuda mano de Jénova le agarró el tobillo. Antes de que a Jénova le diese tiempo a decidir qué hacer con Vincent, Cid atravesó el tentáculo a media altura con su lanza, que terminó clavada en la roca. Con el tentáculo inmovilizado, Yuffie lanzó un corte vertical con su shuriken que cercenó la extremidad. Vincent se vio liberado. El tentáculo se sacudió con fuerza durante un rato más.

Jénova montó en cólera. Sin cabeza, sin tentáculo. Se sintió acorralada. Alzó su tentáculo y medio hacia el techo y las estalactitas de Materia vibraron con fuerza. Todo el crepitó unos instantes antes que empezase la lluvia de estalactitas multicolor. Los humanos del grupo tuvieron suficiente agilidad para esquivarlas una a una, pero Red no tuvo tanta suerte. Una estalactita se clavó en su pata trasera izquierda, postrándolo en el suelo con sumo dolor. Jénova aprovechó este momento para acercarse al animal y rematarlo, pero Red rugió con furia y una colosal llamarada brotó de todo su cuerpo, lacerando a la bestia por todas partes.

La lluvia cesó y el resto del grupo pudo acudir en su ayuda. Se interpusieron entre ambos mientras Yuffie retiraba la estalactita y usaba Materia curativa en la herida. Jénova, destrozada y abrasada, seguía moviéndose. Sintieron miedo.

– ¿Cómo vamos a matar a esta cosa? – preguntó Cid.
– Todavía tengo un as en la manga – les dijo Vincent.
– ¿En serio? – repuso con incredulidad el capitán – Y, ¿de qué se trata?
– Vosotros procuradme algo de tiempo. Si lo consigo todavía tendremos una oportunidad.

Asintieron y adelantaron sus posiciones de defensa. Vincent se retiró y sacó algo de su bolsillo. Algo brillante. La distracción funcionó y Jénova se centró en Tifa y Barret. La masa amorfa saltó sobre Tifa y la aplastó. Barret disparó impotente contra la inmunda bestia, pero pronto quedó petrificado ante la visión de Tifa alzando con ambos brazos a su contrincante. La muchacha lanzó a Jénova contra una pared, lo que provocó un crujido harto desagradable procedente del interior de la criatura. Parecía imposible que pudiera seguir moviéndose. Pero lo hacía, y esta vez con furia.

Se dirigió hacia Tifa y la atacó con su tentáculo, pero la muchacha respondió el golpe con un puñetazo que lo desvió. El siguiente ataque lo efectuó de nuevo la bestia con el medio tentáculo que le había dejado Yuffie, pero Tifa contraatacó una vez más con una patada giratoria. Jénova rugió y los ataques se sucedieron más deprisa. La violenta danza de Tifa, que respondía todos los golpes sin inmutarse, hipnotizó a Barret. El hombretón recordó aquel día, en la misión del reactor, cuando Cloud se enfrentó a un escorpión mecánico gigante. Ahora su amiga Tifa estaba luchando con igual bravura contra la mismísima Jénova que había puesto al ejército de Shin Ra contra las cuerdas.

Tifa decidió pasar al ataque. Se protegió una vez más y entonces echó a correr hacia Jénova, que no supo cómo protegerse. Tifa se tiró al suelo y, cuando estuvo realmente cerca de su contrincante, saltó con fuerza y el puño en alto. Se introdujo por entero en el cuerpo de Jénova, atravesándolo por completo, y produciéndole un enorme agujero. Tifa aterrizó con estilo, cubierta de sangre. Sus ojos emitían un brillo extraño.

La bestia cayó al suelo, inmóvil. Barret se acercó lentamente para examinarla.

– ¡Está muerta!

Nada más lejos. El cuerpo de Jénova se levantó una vez más y agarró a Barret por el cuello con su tentáculo. Empezó a levitar, alzando el cuerpo de barret con ella. Estaba dispuesta a ahogarle.

– ¡Jénova! – gritó Vincent. Estaba envuelto por una luz verdosa – ¿Sabes qué es esto? – Vincent estiró ambos brazos. Sus manos brillaban con un resplandor verde.

Jénova entendió en seguida el mensaje. Soltó a Barret y avanzó hacia Vincent. Pero ya era demasiado tarde para ella. Vincent había invocado el poder de la Materia Última. Dicha Materia,  creada por el mismísimo Planeta a modo de defensa en momentos críticos, contenía el poder de la Corriente Vital en sí mismo. Antes de que Jénova pudiera golpear a Vincent todo el makko de la estancia se revolvió como un violento mar. Cientos de hilos luminosos brotaron de la Corriente Vital hacia Jénova. Cuando estos rayos se introdujeron en el interior de la bestia, ésta quedó paralizada. El tiempo pareció detenerse. Todos dirigieron sus miradas hacia ella. Un brillo cegador brotaba por todas las heridas y orificios Jénova. Con un grito de dolor su cuerpo se despedazó en mil trozos; y los trozos, a su vez, se convirtieron en destellos verdosos que se consumieron en segundos. De pronto ya no había rastro de la criatura.

Esperaron un momento, sin dar crédito a lo que acababan de presenciar. Cuando comprendieron que Jénova había desaparecido para siempre corrieron los unos hacia los otros. Se abrazaron y celebraron su victoria creando un corrillo en mitad de la plataforma. Jénova había sido vencida, la salvación del Planeta se encontraba un paso más cerca. Ya solo faltaba…

– ¡Cloud! – gritó Tifa cuando el éxtasis hubo pasado.

Corrieron hacia el borde de la roca y escrutaron la Corriente Vital, en busca de alguna señal que les indicase cómo le iba a Cloud. Nada.

– ¿Qué creéis que está pasando ahí abajo? – preguntó Tifa angustiada.
– Me temo que nadie puede darte esa respuesta – repuso Red -. Sea como sea, ya no podemos hacer nada más. El futuro del mundo está en manos de Cloud.

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