Capítulo XXIV – Tres

9 noviembre 2007

– Esta es sin duda la Tierra Prometida. A su alrededor rebosa el makko. En su interior hay un paraíso formado de Materia – dijo Rufus como recitando sus palabras. Le encantaba dar discursos.

Se habían internado él, Hojo y Scarlata en el torrente de makko. En su interior, se hallaba un paisaje muy peculiar. Había una depresión en un terreno formado totalmente por Materia. Había un árbol de grandes dimensiones, pero no crecía en el suelo, sino en lo alto de la depresión. Sus raíces se agarraban con fuerza a los bordes. Parecía como si el suelo se hubiera hundido bajo sus pies en algún día lejano pero él se hubiera agarrado con todas sus fuerzas para no caer. Ahora su tronco estaba suspendido en mitad de la depresión y la maraña de raíces hacían las veces de tejado.

– Eso es absurdo. No es más que una leyenda. Ni eso, es un cuento de viejas – respondió Hojo rechazando la teoría no probada de la Tierra Prometida.
– Nos vamos a hacer de oro – dijo Scarlata mientras giraba sobre sí misma contemplando las paredes hechas de materia de un color azulado y semitransparente.

El suelo empezó a temblar bajo sus pies. El árbol pareció ceder un poco. Un enorme ojo felino se abrió tras la pared. Ni siquiera habían advertido que había una criatura tras aquella pared.

– Es Arma… – susurró Hojo – De modo que es cierto.
– ¿Cómo sabes lo que es? – le preguntó Rufus contrariado.
– Lo leí en uno de los informes del profesor Gast. Cuando Jénova llegó el Planeta creó a Armas. Unas criaturas colosales diseñadas para destruir cualquier amenaza para el Planeta. Cuando los últimos Arcanos abatieron a Jénova, las Armas durmieron, ocultas, esperando a ser necesarias de nuevo. Jénova ha vuelto, y ellas despiertan.
– Me ocultas muchas cosas.

En ese instante Cloud, Tifa, Red y Vincent aparecieron como por arte de magia.

– ¿De dónde demonios habéis salido? – les preguntó Scarlata. Le fastidiaba de veras no tener controlada una situación.

Cloud se encontraba solo, en mitad de aquel lugar. Con la cabeza gacha y la mirada perdida.

– Esto se va a poner feo. Será mejor que os marchéis todos y me dejéis a mí. Aquí tendrá lugar la Unión. Aquí es donde todo empieza… y todo acaba – la voz de Cloud sonaba muy lejana. Como si otra persona hablase a través de su cuerpo. Levantó la cabeza y miró a Red. Luego a Vincent. Finalmente se detuvo en Tifa – Gracias a todos. Habéis sido muy buenos conmigo. He sido feliz a vuestro lado durante todo este tiempo. Pero nunca he existido para ser Cloud.
– Cloud… – Tifa lloraba en silencio.
– Tifa, quizá algún día encuentres al verdadero Cloud.
– ¡Es perfecto! – exclamó Hojo que era el único que entendía qué estaba pasando – Esto significa que el experimento ha sido todo un éxito. Dime, ¿Cuál es tu número?
– No tengo número, profesor – le respondió Cloud con tristeza -. Soy un fallo – Cloud se arrodilló – ¡Por favor, profesor! ¡Déme un número!
– ¡Cállate, miserable fallo!

Todos miraban atónitos la escena. Entonces Cloud empezó a levitar. Subió hasta el árbol. Se puso bocabajo y se sentó sobre una de las raíces, cual murciélago.

– ¿Quién era? – preguntó Rufus que no entendía nada.
– Un clon de Sephiroth que creé cuando el verdadero murió. Mezclé con maestría makko con células de Jénova – explicó Hojo para todos, aprovechando la ocasión para darse importancia -. Me preguntaba dónde irían todos los clones cuando tuviera lugar la Unión de Jénova, pero nunca lo supe.
– Yo tampoco… – susurró Cloud para sí mismo, aunque nadie le podía oír.
– ¡Todos perseguían a Sephiroth! – exclamó en tono triunfal el profesor, como descubriendo la respuesta a un enigma que le había atormentado largamente.
– Yo no le perseguía. Yo fui invocado por él. Sentía tanto odio por él que no podía olvidarle – Cloud se puse en pie. Abajo, todos centraron su atención en él -. ¡Sephiroth! Te he traído la Materia Negra… ¡Muéstrate!

El suelo tembló una vez más. Barret y los demás aparecieron en escena, aunque nadie les hizo caso.

– ¿¡Estáis todos bien!? No sabíamos qué pasaba – Barret no obtuvo respuesta.

El tronco del árbol se ensanchó, y por debajo apareció lentamente un huevo verdoso hecho completamente de Materia. En su interior había un cuerpo desnudo. Incluso desde aquella distancia, todos reconocieron el cuerpo de Sephiroth. Al fin Cloud había dado con el verdadero Sephiroth. Su cuerpo había quedado encerrado en aquél lugar hacía ya mucho tiempo.

– Así que al fin nos reencontramos.

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