Capítulo XXIII – Cuatro

9 noviembre 2007

En ese momento Red pareció salir de su letargo. El frío lo había dejado algo débil, pero ahora se erguía en mitad del trineo y parecía henchido. El tiempo pareció detenerse y la alud avanzaba ahora tan lentamente que dejó de hacer ruido. Un resplandor verde cubría a Red y unas esferas inmateriales multicolores surgieron de la nada. Red invocó a Ifrit.

El suelo se abrió entre ellos y la alud. Primero un cuerno, luego otro. La cara del demonio ardiente asomó y los miró con una mirada iracunda.

– ¡Ifrit! – le habló Red – Te he invocado, pues necesito tu ayuda. Detén esa avalancha de nieve.

Ifrit se giró y observó la nieve. Asintió, y con ese movimiento pudieron ver dos lenguas de fuego que salían de las cuencas de sus ojos. Admiraron a la criatura. Era horrible y al mismo tiempo, fascinante. Su piel escamosa era marrón verdoso, como el cuero. Era antropomorfo, aunque estaba muy encorvado. Tenía una larga melena de fuego que ondeaba. Ni el viento ni el frío de Iciclos podían apagar aquel fulgor.

De repente el tiempo pareció volver a la normalidad. La nieve volvió a acelerar y el ruido era insoportable. Todos apretaron los dientes. Ifrit alzó los brazos y un torrente de llamas brotó frente a él y se entrentó a la alud. El trineo se alejó rápidamente mientras Ifrit luchaba contra la montaña. Era un espectáculo digno de ver. Ifrit vomitó un chorro ardiente tan fuerte que vieron como la nieve de la alud salía despedida en todas direcciones. Todo había terminado. Ifrit aulló en señal de triunfo y se desvaneció entre llamas, como si hubiera sufrido una combustión espontánea.

– ¿¡Qué cojones era eso!? – preguntó Barret intentando frenar el tembleque de sus piernas.

Red se desplomó. La invocación lo había dejado exhausto. El sonido de Cloud destrozando un nuevo bloque de hielo les hizo volver a la realidad: seguían bajando a toda velocidad y sin freno izquierdo.

Tras dos quilómetros de apresurada marcha, ocurrió algo fatal. La falda de la montaña se enroscaba de forma que debían girar hacia la izquiera para no caer al vacío.

– ¡Nooooo! – gritó Cloud, impotente ante la situación. No había nada que él pudiera hacer.

El trineo se deslizó hacia el borde. Yuffie rompió a llorar de nuevo. Esperaron la caída, pero aquello no ocurrió. El trineo rozó algo sólido y fue devuelto a la montaña. Cuando abrieron los ojos vieron un bloque de hielo como un muro que había surgido de la nada y que les había salvado la vida. El resplandor verde cubría todavía a Tifa.

– ¡Tifa! – aulló en señal de triunfo Cloud – ¡Has usado la Materia que te di!¡Ha sido fantástico!
– ¡Sin ti nunca hubiera sabido usarla! – le respondió Tifa a gritos.

Tras elogiarse mutuamente decidieron volver a prestar atención al interminable descenso. La pendiente era cada vez más pequeña y la nieve, más abundante. Se acercaban al valle bajo la montaña. Lo habían conseguido una vez más.

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Una respuesta to “Capítulo XXIII – Cuatro”

  1. David said

    se entrentó a la alud

    No es se “enfrentó”?

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