Capítulo XVIII – Cinco

9 noviembre 2007

Alcanzaron tierra. Sobrevolaron el desierto de Gold Saucer durante horas. Algunos empezaban a pensar que era interminable. El tiempo apremiaba. El tren saldría por la mañana. Aprovecharon para recuperar algunas horas de sueño. El desierto llegó a su fin, bruscamente, y dio paso a los prados de Corel repletos de hierba. Cid corrigió un poco el rumbo y descendió considerablemente de altura. Vientofuerte atravesaba a toda velocidad el valle formado por las montañas. En el horizonte pudieron divisar el enorme vertedero llamado Ciudad de Corel.

– ¡Eh, Cid! Creo que no deberíamos pasar por Ciudad de Corel – le dijo Barret al capitán.
– ¿Qué pasa? ¿Te acojona que te vuelvan a echar a patadas? – se mofó Cid.
– Claro que no, estúpido. El reactor de Corel está arriba, en el monte Corel. Sería mucho más rápido aterrizar pasada la sierra, en un valle que hay junto al lecho del río.
– Recuerdo haber pasado por ahí – intervino Red.
– Sí, atajamos por monte Corel al salir de Costa del Sol – le explicó Barret.
– Bien, pues atravesaremos las montañas – Cid dio por acabada la conversación.

Vientofuerte remontó el vuelo. Los habitantes del vertedero vieron como una enorme sombra se interponía ante los primeros rayos de sol. Después de un par de maniobras suicidas, Vientofuerte se posó en tierra. Tomaron sus armas y salieron a la carrera. El ambiente era seco. El viento cálido del desierto era capaz de atravesar las montañas. Subieron sin demorarse. Estaban descansados y habían llenado la barriga antes de salir. Su marcha era imparable. No tardaron en posarse sobre la cima de una de las montañas más altas. Vieron la parte más alta del reactor, alzándose imponente en mitad de un valle abrupto. Había guardias de Shin Ra apostados en los balcones.

– ¡Ajá! – susurró Barret – Parece que Sith estaba en lo cierto. No he visto nunca tanta actividad en este reactor. Debemos aproximarnos con cautela.
– Creo que lo mejor será tomar este camino – Vincent señaló una diminuta garganta que descendía bastante en picado. Además, estaba repleta de grava.
– Estás loco, muchacho – le contestó Cid -. Nos vamos a matar.
– Si nos ven los Shin Ra nos coserán a tiros – Barret salió en defensa de Vincent.
– ¡Diablos! Está bien, nos escurriremos por esa dichosa barranca – se encendió un cigarrillo y se palpó la correa de las gafas de piloto que llevaba a la cabeza para cerciorarse de que tenía suficientes cigarrillos para las próximas horas.

Descendieron lentamente, con cuidado de no resbalar y llamar demasiado la atención. El reactor se hacía cada vez más grande. Pudieron ver que en la base de éste se hallaban varios escuadrones de la guardia de Shin Ra. Parecía haber bastante actividad. Un hombre con un uniforme granate y un casco con orejeras sermoneaba a un grupo de guardias.

Llegaron al pie del reactor. Aprovecharon la protección que les ofrecía una enorme roca con forma de pala. Estaban al lado de la vía del tren. Se dieron cuenta de que los portones del reactor se encontraban abiertos.

– ¿Habrá salido ya el tren? – preguntó Yuffie en voz baja.
– No lo creo. Mira los guardias, están nerviosos – contestó Barret.
– Hay un olor muy fuerte a Materia – intervino Red que olisqueaba las rocas -. No me cabe duda de que si existe esa materia enorme, está por aquí.

Movimiento entre las filas Shin Ra. Se oyeron gritos en el interior del reactor. El sonido de la maquinaria del tren se aproximaba, distorsionado al rebotar en las paredes metálicas.

– Escuchad – dijo Barret -. Este es el plan: cuando el tren pase por nuestro lado nos abalanzamos sobre él. Una vez dentro, los matamos a todos y nos llevamos la Materia.
– Un momento, yo soy el líder aquí. Ese plan es una basura – repuso Cid.
– ¿Algún plan mejor? – el tren hizo aparición a través del portón – Porque si lo tienes tendrás que pensarlo en los pocos segundos que quedan para que el tren pase por aquí.
– ¡Mierda! Está bien, por el momento adoptaremos ese plan.

El tren tomó velocidad lentamente. Los guardias lo seguían a paso vivo, mirando en todas direcciones. Finalmente el tren los fue dejando atrás, a medida que tomaba velocidad. Se aproximaba con celeridad. Los miembros del grupo tensaron sus músculos, preparados para saltar.

– ¡EH! ¿Quiénes sois vosotros? – gritó una voz tras ellos. Era un soldado de Shin Ra y les apuntaba con su rifle. El tren pasó a toda velocidad.
– ¡Saltaaaaaaaaaaaaad! – aulló Cid.

Saltaron y lograron encaramarse al último vagón. Por suerte, ese vagón iba cargado con algo blando y recubierto con lona. Fue fácil agarrarse y, para Red, clavar sus garras. Se posaron en la parte más alta y vieron como el reactor se hacía pequeño en la distancia. No les dio tiempo a recuperar el aliento cuando vieron en los siguentes vagones un grupo de soldados de Shin Ra apuntándoles con sus rifles.

– Vamos a divertirnos – dijo Vincent esbozando lo que parecía ser una sonrisa.
– ¡Alto! No deis un paso más. Este tren es propiedad de Shin Ra S.A. Mantened las manos en alto y os dejaremos march…

Antes de poder acabar la frase Barret le agujereó el cráneo. Todos los demás soldados empezaron a disparar. Vincent se envolvió en su capa y desapareció. Yuffie brincó hacia delante dando vueltas sobre sí misma y lanzando varios cortes que seccionaron varias extremidades a su paso. Red por su parte se quedó plantado en el mismo lugar mientras arrojaba bocanadas de fuego que desviaban las balas y abrasaban a sus disparadores. Cid se deslizó por el lateral del vagón. Se arrastraba agarrándose a las cuerdas y a los salientes. Cuando se le ponía a tiro algún guardia lo empalaba sin piedad. Barret permanecía semiarrodillado tras Red, lanzando granadas con su brazo-arma.

En tan sólo unos segundos se realizó una carnicería. Las lonas ardían, el tren se tambaleaba, los miembros cercenados caían por los lados y los cadáveres volaban en todas direcciones. Su experiencia en la lucha les había convertido en un pequeño ejército imparable. Pronto el jaleo cesó y se encontraron de nuevo sobre uno de los vagones. Celebraron su victoria.

– ¿Dónde está Vincent?

La repuesta no se hizo esperar. El cuerpo de Vincent salió despedido desde la cabina y cayó no muy lejos de ellos. El ex-Turco se incorporó lentamente. Su contrincante brincó tras él. Llevaba un sable de considerables dimensiones (aunque no llegaba al tamaño del espadón de Cloud). Llevaba un traje azul claro y un cinturón metálico. Era un miembro de SOLDADO.

– ¡Atrás! – les gritó Vincent – ¡Es un miembro de SOLDADO! Dejádmelo a mí.

El grupo dio un paso atrás. El mero hecho de pensar en enfrentarse a un Cloud en potencia les acongojó. Vincent adoptó su pose de lucha y ambos se miraron. Los ojos azul makko del miembro de SOLDADO lo recorrieron con la mirada. Pronto empezó el ataque. Vincent se abalanzó extendiendo su garra dorada. Un espadazo de revés apartó la mano del vampiro, que se dejó caer al suelo y disparó. El miembro de SOLDADO salió disparado varios metros hacia atrás. Resbaló y casi cae del vagón, pero logró ponerse en pie de nuevo. Llegaron a una bifurcación. El tren tomó el camino de la izquierda. El de la derecha era más corto, pero Barret había deformado la vía tiempo atrás con su Materia elemental de tierra.

– Eres bueno – le dijo el miembro de SOLDADO.

Extendió uno de sus brazos y un chorro de agua salió disparado hacia Vincent. Éste lo rechazó fácilmente creando una barrera mágica. El miembro de SOLDADO se abalanzó esta vez. Provocó una lluvia de espadazos que Vincent rechazaba con su garra dorada, cada vez con más dificultad. La fuerza de los espadazos era cada vez mayor, y el esfuerzo que estaba haciendo empezaba a afectarle a los brazos. Vincent se dio cuenta, de modo que continuó con su táctica defensiva; y llegó lo que esperaba. En uno de los espadazos su contrincante cortó el aire y su brazo se retorció demasiado. Entonces Vincent aprovechó y le agarró por el codo. Soltó la espada automáticamente y cayó al vacío. El ex-Turco ejerció más de presión hasta destrozarle la articulación. Entoces le pateó la espalda y su contrincante cayó rodando al suelo.

– Fui miembro de Los Turcos en el pasado – le dijo -. Eres fuerte, pero inexperto. Si no fuese porque conozco a un miembro de SOLDADO mucho más poderoso que tú pensaría que Shin Ra ha bajado el listón a la hora de reclutar a sus tropas.
– ¡Púdrete!

Vincent le asestó un tiro en la cara, que reventó. El cuello se retorció hacia atrás con un sonido desagradable y el cuerpo cayó a la vía del tren. Vincent miró al horizonte y vio como Ciudad de Corel se aproximaba a toda velocidad.

– ¿¡Alguien sabe frenar este trasto!?

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