Capítulo IX – Tres

8 noviembre 2007

Esperaban tras una gran roca situada a un lado de la colina. De un momento a otro esperaban ver una manada de chocobos por allí cerca. Cloud sacó la Materia Atrae-chocobo y la metió en su arma.

– Es un poco extraña esa Materia… ¡Es lila! – susurró Barret.
– Sí. La Materia lila es Materia extraña. Sus usos son de lo más variado. El problema es que la mayoría no están probadas científicamente. Hay vendedores que dicen tener Materia de la suerte… otros dicen que la suya espanta a los problemas.
– Entonces, ¡Esta Materia es un timo!
– No. La Materia Atrae-chocobo es Materia sintética creada por Shin Ra. Está más que testada. Si hay chocobos cerca no tardarán en sentirse atraídos por ella.
– Y, ¿Qué más tipos de Materia hay? – Barret estaba descubriendo el mundo de la Materia y se estaba entusiasmando.
– Existen cinco tipos de Materia. La verde ya la conocéis, te otorga algunos poderes que de cualquier otra forma son imposibles de adquirir. La azul es Materia de apoyo, sirve para reforzar la Materia verde. La lila… es algo extraña como ya os he dicho. Por último tenemos la amarilla y la roja. La amarilla te otorga algunas cualidades físicas y/o mentales que te permiten realizar acciones complicadas de forma sencilla. La roja… es de invocación.
– ¿Invocación?
– Sí… es la Materia más difícil de usar. Además, después de usarla puedes quedar inconsciente. Debe ser siempre un último recurso.
– Pero, ¿Qué significa invocación? – A Barret le hacían chiribitas los ojos.
– Significa que una criatura de otro mundo vendrá a apoyarte en la lucha durante el tiempo que tu fuerza mental soporte ese portal abierto.
– ¡Una criatura de otro mundo!
– ¡Tsss! Baja la voz, Barret – le regañó Aerith mientras miraba al horizonte.
– Tranquilizate. Es raro encontrar ese tipo de Materia. También es rara la persona que consigue dominarla. Yo sólo he visto una vez una invocación.
– Y, ¿Cómo fue?
– Increíble.
– ¡Callaos! Ahí vienen.

Un grupo de chocobos se acercaba a la roca donde se encontraban. Cloud lanzó algo de verdura. Un chocobo vio el regalo que acababa de llover de algún sitio y fue decidido a comer. Mientras comía, Cloud brincó y de forma acrobática montó al chocobo en un abrir y cerrar de ojos. El chocobo daba vueltas sobre sí mismo intentando echar a Cloud de su lomo. Éste le agarró de un pellejo que le sobraba detrás de la cabeza con fuerza y poco a poco el chocobo se fue calmando. Finalmente siguió comiendo verdura mientras Cloud le acariciaba tras la cabeza.

– Como veis no es tarea fácil, pero se puede conseguir. El truco es cogerle desprevenido y luego cogerle de aquí hasta que se tranquilice.
– Podrías cazar tú un par más – dijo Tifa.
– Imposible. Si me bajo del chocobo, huirá. A no ser que los domestiques los chocobos no se quedan a tu lado.
– ¡Yo cazaré uno! – dijo Barret.
– Yo esperaré tras la piedra a que hayáis cazado un par más – masculló Red mientras bostezaba.

Cloud se alejó montado en su chocobo y los demás se escondieron. Esperaron a que otro chocobo se parase a comer para repetir la operación. Tras varias intentonas fallidas y algunos moretones y arañazos, Tifa logró capturar a uno enorme.

– ¡Buen trabajo! – dijo Cloud que se acercó a toda prisa – ¿A quién montaras contigo?
– Ah… – Tifa no había pensado en ello. Al haber cazado un chocobo tendría que montar a alguien más con ella. Le hubiera gustado montar de paquete tras Cloud – Me da igual.
– Yo subiré con Cloud – se apresuró a decir Aerith.
– Está bien. Tifa, deberás montar a Red. Barret es demasiado grande para montar de paquete – se dirigió a Barret – Más te vale cazar uno, Barret, o te quedarás atrás.
– ¡Claro que lo cazaré!

Le costó varias horas poder cazar un chocobo. Los animales se asustaban con sus gritos cuando se avalanzaba sobre ellos. El ejemplar que cazó era viejo. El pobre chocobo apenas podía cargar con el peso de Barret.
Red subió como pudo tras Tifa, intentando no sacar sus zarpas y clavarlas en el lomo del animal. Finalmente encontró una pose que le permitía estar cómodo.
Los tres chocobos marcharon hacia la gran ciénaga. Cloud y Aerith, Tifa y Red, y Barret.

La noche les había dado caza. Podían oír a los animales nocturnos. Unos insectos hacían u ruido desagradable cerca de allí. Empezaba a hacer frío.
Nadie pensaba ir a dormir sin antes haber atravesado la ciénaga sobre chocobo y haberse puesto a salvo de los ojos de Shin Ra bajo la montaña.

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