Capítulo II – Dos

7 noviembre 2007

– Sígueme.

Aerith cogió un cayado que tenía cerca y siguió a Cloud hacia la siguiente estancia. Allí había una columna caída que atravesaba la habitación de punta a punta. Cloud vio enseguida unas escaleras – o lo que quedaba de ellas – que subían hacia la parte más alta. Si lograban subir podrían rodear toda la estancia por una plataforma hecha de tablones de madera. Allí había otra escalera que conducía al último piso, donde había un agujero por el que escapar.

Por desgracia el plan de Cloud tenía un pequeño fallo: había una parte de la pasarela que había sido rota con la caída de la columna, presumiblemente. No había otro modo de huir, no obstante.

Subieron las escaleras a toda prisa. Los soldados entraron y les apuntaron con las metralletas. Cloud llegó al agujero y sin siquiera frenar dio un salto olímpico. Movía los brazos en círculos, parecía estar apartando el aire para que le dejara llegar al otro lado. Los soldados lo miraban boquiabiertos. Llegó al otro lado y miró a Aerith.

– ¿Qué hacéis ahí como pasmarotes? – El hombre pelirrojo había entrado con una mano en el bolsillo y caminando tranquilamente.
– Cloud, yo… no puedo saltar tanto.
– Claro que puedes, ¡Vamos!

Los soldados empezaron a disparar a Aerith. Un tiro le alcanzó en el hombro. Sintió un ligero mareo debido al dolor y dio un pequeño traspiés que la hizo caer encima de la columna. Rodó hacia abajo sin soltar su arma y quedó estirada en el suelo.

El hombre pelirrojo fue hacia uno de ellos. Sacó un arma extraña, una varilla metálica que se encogía en la punta. Dando una vuelta sobre sí mismo le dio un golpe en la espalda al soldado que cayó al suelo de bruces.

– ¡Imbécil! Quiero a la Anciana viva, ¡VIVA! – se giró y miró a los otros – Id a por ella, ¿A qué esperáis, inútiles?

Los tres soldados fueron a por Aerith. Cuando iban a agacharse para recogerla un barril cayó sobre uno de ellos, convirtiéndolo en puré de Shin Ra. Los otros dos dieron un paso atrás y miraron al cielo. Uno de ellos sólo pudo ver como otro barril le caía justo encima. El soldado más afortunado vio a Cloud en la parte de arriba preparando el siguiente barril. Le apuntó con su arma. No quería fallar. Apuntó justo a la cabeza de Cloud. Estaba apretando el gatillo cuando… ¡pum!

Aerith se había levantado y le había atestado un golpe en la cabeza con el bastón. Se peinó y miró a Cloud. Le hizo un gesto con el pulgar para indicarle que estaba bien. Corrió escaleras arriba y Cloud escaleras abajo. Se encontraron de nuevo en el lugar de la caída.

– Vamos, Aerith, sé que puedes.

Aerith apretó los labios y asintió. Cogió carrerilla y, apoyando el bastón a modo de pértiga, se precipitó hacia Cloud, que la cogió en brazos instintivamente.

– Sácame de aquí, guardaespaldas – Aerith, que parecía satisfecha estando en los brazos de Cloud, se abrazó a su cuello.

Cloud lanzó una mirada al hombre pelirrojo que le miraba impasible desde abajo. Tras una pequeña lucha visual se llevó a Aerith.

El hombre pelirrojo se marchó por donde había venido. Tenía nuevas noticias para su jefe.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: