Capítulo I – Ocho

6 noviembre 2007

Se marcharon a toda prisa. Subieron por el ascensor y luego por las escaleras. Recorrieron decenas de pasillos llenos de cámaras de seguridad apagadas, rompiendo el silencio con el sonido de sus pasos. Cloud se paró en seco.

-Algo no va bien, esto no es normal.
-Es extraño, pero ¿qué otra cosa podemos hacer? – repuso Tifa.
-¡Están acojonados! Larguémonos de aquí – Barret era tan optimista como inocente.
-Seguiremos adelante, pero estad preparados para lo peor.

Siguieron hasta llegar a la salida. Allí había una pasarela que se bifurcaba al final. Debajo podían verse los suburbios del sector 5. La vista era espléndida. Al encontrarse en el extremo de Midgar había una brisa agradable y un rayo de sol penetraba encima de las nubes. Al fondo las vastas tierras yermas no dejaban lugar a la vida.
Corrieron hasta la bifurcación y entonces llegó lo que Cloud esperaba.

Decenas de soldados de Shin Ra les apuntaban con sus armas. En un acto reflejo dieron media vuelta. Un helicóptero de Shin Ra S.A. hizo aparición y aterrizó frente a la puerta del reactor. Estaban acorralados.
Del helicóptero salió alguien a quien Cloud conocía muy bien. No sólo Cloud, era toda una celebridad. Con aire despreocupado caminaba hacia los miembros de Avalancha. Se detuvo y les dedicó una amplia sonrisa.

Llevaba un traje color vino y unos zapatos de piel de chocobo recién estrenados. Era un hombre bajo y rechoncho, pero tenía mucha clase y su orgullo le hacía parecer más grande de lo que en realidad era.
Cloud se avanzó y le plantó cara.

-Largo tiempo sin vernos, presidente.

El presidente de Shin Ra S.A. se dirigió a Cloud señalándole con el puro que llevaba en la mano.

-Tú debes ser el traidor… esto… ¿tu nombre?
-Cloud. Cloud Strife.
-Ah sí, claro… Strife – el presidente fingía acordarse de él – lo siento, pero no recuerdo todos los nombres de los miembros de SOLDADO. A no ser, claro, que alguien se convierta en un Sephiroth…

Cloud dio un paso atrás. Ya no se mostraba tan arrogante. La sola mención de ese nombre había hecho que el ex-SOLDADO se amilanara notablemente.

-Sí, Sephiroth, era brillante – el presidente hablaba consigo mismo – demasiado brillante.

Barret corrió hacia el presidente.

-Escúchame sabandija asquerosa – gritó – pero qué digo, todos los Shin Ra son sabandijas, así que eso te convierte en el Rey Sabandija. Eres tan despreciable que…
-Bien, se me acaba el tiempo. Soy un hombre sumamente ocupado, como sabéis. Espero que os lo hayáis pasado bien jugando a ser héroes. Cuando hayáis volado por los aires diremos que vosotros fuisteis los culpables de este desastre y que Shin Ra os dio vuestro merecido – el hombre se subió al helicóptero – No me miréis así. Para que veáis que no soy tan mala persona os presento a un amigo mío que se quedará aquí a jugar con vosotros.

Los soldados de Shin Ra habían desaparecido y en su lugar había un enorme robot humanoide. Tenía cañones por doquier. No tenía piernas. En su lugar tenía un disco aerodeslizador. Los ojos del robot se encendieron dándole un aspecto algo demoníaco.

-Que os lo paséis bien con ROMPE-AIRE – el helicóptero se elevó y se perdió en la inmensidad del cielo gris de la gran ciudad.

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