Capítulo I – Dos

6 noviembre 2007

Por la ventanilla podía observarse como el tren descendía hacia los suburbios. La placa superior quedaba ahora arriba borrando cualquier rastro de luz del paisaje.

-¡Qué asco! Si no fuera por esa mierda de pizza… – exclamó Barret cuando se quedaron a oscuras.
-Una ciudad flotante, es un paisaje bastante pertubador – dijo Cloud mirando al cielo a través de la ventanilla.
-Nunca creí que escucharía algo así de alguien como tú. Parece ser que eres una caja de sorpresas, ¿¡eh, novato!?

Llegaron a la estación de trenes del sector 7, en los suburbios. Se dirigían a “El séptimo cielo”. Era un bar de poca monta que usaban como tapadera.
Cuando llegaron Barret echó a todos los clientes a base de disparos con su brazo mecánico. Era una manera poco ortodoxa de conseguir privacidad para Avalancha, pero él no sabía hacerlo de otra forma.
Salió a la puerta y esperó a que Cloud pasara por su lado.

-¿Quieres ver a tu cariñito?

Cloud sabía a quién se refería. Se refería a Tifa, una amiga que había tenido desde la infancia. Tifa era de Nibelheim y vino a Midgar cuando Cloud se unió a SOLDADO. Ahora formaba parte de Avalancha y llevaba “El séptimo cielo”. No tenía mucho más que hacer en Midgar que Cloud, pero quedarse en Nibelheim hubiera sido peor. Todos sus amigos se habían marchado, pero quien realmente le importaba era Cloud. Por eso vino a Midgar.

-Apártate de mi camino – le dijo Cloud a Barret y acto seguido entró al bar.

Allí estaba Tifa tras la barra, secando algunos vasos con un viejo trapo. Sentada en la primera mesa estaba Marlene, una niña pequeña con media melena y de facciones suaves. Llevaba un trajecito rosa y unos zapatitos de piel.

-Mira a quien tenemos aquí, Marlene, es Cloud. ¿No vas a decirle nada? – le dijo Tifa a Marlene sin apartar la vista de Cloud.

A Marlene no le hacía mucha gracia aquel mozo con ese espadón y aquellos ojos tan extraños. Le dijo hola tímidamente y se fue hacia Barret.

-¿Me coges en brazos, papá? – se dirigía a Barret con cara de haber esperado ese momento durante todo el día.

Barret se subió a la niña en el hombro y bajó al piso de abajo por el ascensor secreto que se activaba en el lugar donde se encontraba una máquina del millón.

-Reunión en el piso de abajo, os quiero a todos ahí en seguida – gritó.

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