Capítulo Final

10 octubre 2009

Cloud Strife y Tifa Lockhart observaban detenidamente la habitación. El plato de caldo de verduras que tenían delante todavía humeaba y su olor era bastante agradable. Era posible que ésta fuese su última comida caliente bajo techo, y lo sabían. Sabio Chocobo respetó su silencio y les dejó comer en paz. Cuando hubieron terminado Sabio sacó el tema.

– ¿Y bien?
– ¿Qué? – repuso Cloud.
– ¿No vas a enseñármela? – le preguntó Sabio – La Materia – aclaró.

Cloud extrajo la piedra y la puso sobre la mesa. Su fulgor hipnotizó a Sabio, que durante un pequeño instante la codició. No se atrevió a tocarla.

– Impresionante.

Un sonido muy familiar interrumpió la escena y sacó a Sabio de su ensimismamiento. Los motores de Vientofuerte hacían un sonido atronador, rompiendo el silencio del valle. Tifa y Cloud se miraron con una sonrisa de oreja a oreja, se levantaron y salieron corriendo a recibir a Cid.

La compuerta de la aeronave se abrió y el mejor piloto del mundo, cuyo apellido daba nombre a ésta, hizo aparición. Cid avanzó hacia ellos con aire chulesco mientras se encendía un cigarrillo.

– Me alegro de que hayas decidido seguir adelante con esto – le dijo Cloud.
– Eh, zoquete. No es una decisión. Sin mí no hay aeronave, y sin aeronave no se puede ir a ninguna parte. Soy imprescindible – dicho esto sonrió apretando el cigarrillo con los premolares y expulsando su primera bocanada de humo.
– Por supuesto – repuso Cloud, quien intercambió una mirada cómplice con Tifa. No iban a decirle nada del chocobo dorado que pastaba en el valle en ese momento -. Entonces será mejor que nos pongamos manos a la obra y vayamos a buscar a aquellos que quieran enrolarse de nuevo.
– ¡Eh! ¿Por quién me tomas? Soy un tío eficiente.

En ese momento un grupo de personas salió de Vientofuerte. Un hombre alto y fornido de piel oscura, seguido de una pequeña adolescente de pelo corto. Detrás salieron un hombre de tez pálida y pelo largo, envuelto en una capa roja, acompañado de un animal rojizo de grandes colmillos. Todos tenían una mirada profunda y decidida. Guerreros curtidos capaces de las más grandes hazañas. Pero sobretodo eran amigos, amigos fieles que seguirían a su líder hasta el mismísimo fin del mundo. Cloud se sintió muy reconfortado al contar con todos ellos para su última misión.

Barret posó su mano sobre el hombro de Cloud y le dijo: “no pienso dejar a mi pequeña sin futuro”. Cloud asintió y posó su mirada sobre Red, que dijo: “el último deseo de mi abuelo fue que te apoyase en tu misión para destruir a Sephiroth”. Cloud frunció el ceño en señal de dolor al comprender que el viejo Bugenhagen ya no se encontraba entre ellos, pero Red negó con la cabeza, intentando transmitirle que no debían apenarse, pues descansaba en la Corriente Vital. Vincent se acercó al exshinra y le dijo “por el bien de Bugenhagen y de los que hemos perdido debemos garantizar que la Corriente Vital siga fluyendo por el Planeta hasta el fin de los tiempos”. Cloud esbozó media sonrisa, entendiendo perfectamente la motivación de Vincent.

– ¡Ejem! – exclamó Yuffie para captar la atención del grupo. En sus manos sujetaba un rollo de papel que, por lo visto, se disponía a leer – yo voy a ayudarte a salvar el mundo, pero con una condición. Ejem… “por la presente declaro que toda la Materia de mi propiedad, y de Avalancha, será donada a las arcas de Wu Tai en pago por los servicios prestados para la salvación mundial por la emperatriz Yuffie Kisaragi. Firmado, Cloud Strife”. Solo tienes que firmar aquí.

El grupo estalló en carcajadas. Cloud se aproximó a la joven ninja y tomó el contrato, releyéndolo para sí mismo. Lo enrolló de nuevo y lo guardó en su zurrón.

– Así que emperatriz, ¿eh?
– Eso es. Restauraré la gloria de Wu Tai y todos me respetarán.
– Y espero que así sea. Firmaré el contrato, me parece justo. Si salvamos el mundo podrás quedarte con toda la Materia. Ya no nos será necesaria.

Se despidieron de Sabio Chocobo, que quedó realmente consternado al conocer la noticia acerca de su amigo Bugenhagen. Vientofuerte alzó el vuelo una vez más, pero esta vez el destino era totalmente desconocido. Se dirigía hacia el Norte, hacia el cráter en el que se ocultaba el mismísimo Sephiroth. Mientras avanzaban camino a la perdición, Cloud pronunció unas palabras de ánimo para el grupo.

– Escuchadme todos. Quiero agradeceros enormemente vuestro apoyo en estos momentos difíciles. No sé que nos aguarda en las profundidades del mundo. Seres viles y caminos traicioneros, sin duda. Y al final del camino… – su pequeño silencio fue bastante elocuente – Pero estoy convencido de que saldremos victoriosos. Hemos recorrido el mundo entero y nos hemos enfrentado a numerosos y poderosos enemigos. Hemos perdido a algunos de nuestros seres queridos, pero sus muertes no fueron en vano. Mañana amanecerá un nuevo día, y Meteorito no estará allí para impedirlo. ¡Por el Planeta!
– ¡¡¡Por el Planeta!!! – gritaron todos al unísono, alzando el puño.
– ¡¡¡Más alto!!! ¡¡¡POR EL PLANETA!!!
– ¡¡¡POR EL PLANETA!!!

Las palabras de Cloud infundieron coraje y esperanza al grupo.