– ¿¡Qué!? ¿¡Cloud!? – exclamó el hombre pelirojo.

Ruda y Elena se miraron incrédulos. No menos perplejos se quedaron los integrantes del grupo. Tifa sintió que el corazón iba a quebrarle las costillas. Leno bajó el tono de voz. El grupo se escondió tras la armería y observaron. No podían oír nada.

– ¡Maldita sea! – susurró Barret – no oigo ni una… ¿Dónde está Yuffie?

No la encontraron. Yuffie había vuelto a desaparecer. Vincent se llevó la mano a la frente. Leno siguió hablando por el PHS. Su voz se había convertido en un simple murmullo. Incluso Elena y Ruda tuvieron que aproximarse para seguir la conversación. Leno afirmaba con la cabeza. Le hizo un gesto a sus compañeros para que le siguieran. Las vacaciones de Los Turcos habían terminado.

Cuando el cuerpo de élite de seguridad del presidente hubo dejado la aldea, el grupo salió al descubierto. Se quedaron plantados donde anteriormente hubiera permanecido Leno, como esperando a recibir un eco de la conversación. Uno de los barriles más cercanos se tambaleó ligeramente. La tapa se abrió y apareció Yuffie.

– No os vais a creer lo que he escuchado.
– ¡Habla! – le espetó Barret.
– Eso no son formas, grandullón. Antes debéis prometerme que vais a llevarme con vosotros – Yuffie estaba convencida de tener la sartén por el mango.
– Está bien, vendrás con nosotros – Barret estaba algo hastiado del carácter de la joven ninja – ¿Qué es lo que está pasando?
– Está bien. Ahí va: han encontrado a Cloud.
– ¡Oh Dios mío! – Tifa se echó a llorar – ¿Está bien?
– Está vivo.
– ¡Gracias al cielo! Sabía que Cloud no había muerto.
– ¿Has oído dónde está? – le preguntó Vincent.
– Sí, es posible. Pero por el momento será mejor que sólo lo sepa yo. No me gustaría quedarme en tierra.
– ¡Serás! – Barret la cogió por el brazo.
– Suéltala, estúpido – le dijo Cid a la vez que le daba un golpe en la mano con su lanza -. No tenemos tiempo que perder. Debemos adelantarnos a los Shin Ra. Que la niña nos conduzca hasta Cloud.

Marcharon aprisa hacia Vientofuerte. Cid se puso a los mandos y empezó a ladrar órdenes. Los motores de Vientofuerte rugieron más que nunca. Se elevó con gran rapidez, lo cual causó un gran mareo a Yuffie que echó el desayuno por la borda.

– ¡Toda potencia hacia…! – Cid miró a Yuffie.
– ¡Urc!… lo siento… sur… sureste ¡urc!
– ¡Hacia el sureste!

Las hélices de la nave giraron con mayor velocidad y Vientofuerte tomó impulso. Debieron agarrarse para no caer al suelo. Las garras de Red arañaron el suelo de cubierta.

Atravesaban las nubes a gran velocidad. Debajo, sólo podían ver el mar. Tifa estaba asomada y oteaba el horizonte esperando ver una pequeña isla con Cloud esperándola. Cuando la nave se estabilizó, Cid se levantó y sacó las cartas de navegación de un armario metálico. Las extendió sobre una pequeña mesa y llamó a Yuffie.

– Es hora de que me digas cual es nuestro destino, pequeña. No tengas miedo, no vamos a dejarte atrás.

Yuffie contuvo una arcada. Miró de reojo el mapa. Su mirada recorrió los continentes. Posó el dedo en mitad del océano. Lo deslizó lentamente hacia Midgar. Entonces, el dedo empezó a bajar lentamente atravesando las montañas y yendo más allá de Fuerte Cóndor. Bajo el continente, había una isla alargada en la que había una pequeña villa en mitad de la jungla. Era una villa pacífica que se mantenía apartada de los problemas del mundo. Su nombre era Mideel. El dedo de Yuffie se detuvo sobre ella.

– De acuerdo. ¡Allá vamos!

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