El grupo celebraba su huida de Puerto Junon en la sala de mandos. Cid estaba al timón y hacía piruetas en el aire. Conocía Vientofuerte a la perfección. Ahora contaban con un crucero capaz de llevarles a cualquier lugar del mundo. Todos comentaban el gran triunfo que ello suponía. Todos menos Tifa. La muchacha miraba el cielo con la mirada distante.

– ¡Eh, niña! Alegra esa cara – le ordenó Cid -. No quiero caras largas en Vientofuerte.
– Ya… es sólo que…
– No te preocupes. Algún día volverás con él. Sólo ha regresado al planeta – Red intentaba animarla.
– Todos echamos de menos a Cloud, Tifa – le dijo Barret -. Pero, ¿Crees que él hubiese querido que llorásemos y abandonásemos la lucha por el planeta?
– No… él estaría ahora con su pose chulesca – a Tifa se le dibujó una sonrisa – y diciéndonos lo que debemos hacer. Él siempre sabía qué hacer.
– ¡Nos las apañaremos sin él! Mientras sigamos luchando el espíritu de Cloud perdurará en nosotros – Barret la zarandeaba por el hombro.
– Y, ¿Adónde iremos ahora? – preguntó Tifa.
– Pues… esto… bueno…
– Si quieres, podríamos ir a buscar a Cloud… – propuso Cid.
– No, Cid. Cloud ya no está. No quiero alargar la agonía. Lo mejor es asumirlo y seguir con nuestro cometido.
– ¡Esa es mi chica! – exclamó el grandullón.
– Podríamos… – empezó a decir Yuffie. Tenía mala cara. Vientofuerte no le sentaba del todo bien a su estómago – ir a Wu-Tai.
– ¿A Wu-Tai? ¿Qué se nos ha perdido en ese continente olvidado? – le preguntó Barret.
– En Wu-Tai hay grandes guerreros que odian a Shin Ra. Yo.. soy conocida allí. Podríamos buscar refuerzos, ahora que Cloud no está.
– ¡Tonterías! Mira, no te ofendas, pero esa gente sólo mira por sí misma. No creo que…
– Pues yo creo que merece la pena intentarlo – intervino Tifa -. Si Yuffie es conocida en Wu-Tai podría sernos de ayuda.
– Cla… claro – le respondió la joven ninja.

Tifa sonrió tristemente a Yuffie y ésta bajó la cabeza.

– Lo siento. No me encuentro bien. Voy al baño.

El grupo discutió brevemente sobre el tema y luego Cid puso rumbo a Wu-Tai. Los motores de Vientofuerte rugían con energía. El crucero atravesaba las nubes a toda velocidad. Tifa se retiró a la cubierta principal. Se sentó sobre una pasarela de hierro. Bajo ésta, podía verse parte de un enorme motor que zumbaba sin parar. Miró hacia arriba. La sala era enorme, y mirar el techo le producía algo de vértigo. Era increíble el espacio del que disponían en el interior de aquella nave. Se levantó y echó un ojo alrededor. Paseó por un pasillo que había a mano derecha y se encontró con algo insólito: chocobos. Había cuadras llenas de paja y verduras para chocobos. Los animales gorjearon al verla. Decidió volver para comunicar el hallazgo al grupo y vio a Yuffie por un pasillo de la planta superior que llevaba un gran saco a la espalda. Estaba acostumbrada a las rarezas de la muchacha, de modo que no le prestó más atención.

El viaje transcurrió sin problemas. Algunos aprovecharon y se echaron una siesta en las habitaciones de Vientofuerte. Habían pasado de vivir a la intemperie a cruzar el mundo entero en una nave de lujo. Si Cloud hubiera podido verlo…

Cid anunció por megafonía que se disponía a aterrizar. Tifa notó como si mariposas revoloteasen por su barriga mientras Vientofuerte descendía hacia tierra firme. Corrió hacia la sala de mandos y miró por el cristal. La capital de Wu-Tai se alzaba ahí abajo, cada vez más cerca. Aun desde aquella altura la majestuosidad de aquellos edificios no dejó indiferente a nadie. No cabía duda de que en otra época Wu-Tai fue un imperio y que aquella ciudad gozó de un esplendor incomparable. El cielo despedía una luz rosada, irreal. Tifa alzó la vista y entonces vio a Meteorito. Se le heló la sangre. Estaba tan cerca que parecía que sólo debía extender una mano para tocarlo.

Vientofuerte aterrizó. Cid hizo girar su silla giratoria y se encendió un cigarro.

– ¿Qué os parece como se mueve mi pequeña?

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