Capítulo XXII – Dos

9 noviembre 2007

“1 Calamidad de los cielos
2 Arma
3 Confidencial [2]

option?[1]:”

Cloud pulsó la tecla “2” y entró la orden. La pantalla empezó a parpadear. El ex-SOLDADO le atestó un golpe con la palma de la mano y el vídeo empezó. Pudo ver de nuevo a la hermosa mujer. Esta vez estaba de pie y parecía distraída. El cámara la filmaba de arriba a abajo. Cloud pudo observar su traje y sus zapatos rosas, muy femenino todo en conjunto.

– Ifalna… – la mujer interrumpió su pequeño paseo por la estancia y miró a cámara.
– ¿Sí, profesor?
– ¿puedes hablar sobre Arma?

La mujer no parecía saber por donde empezar.

– Aquél que el profesor confundió con un Cetra… se llamaba Jénova. Él es la calamidad de los cielos. El Planeta sabía que debía destruir a la calamidad, de modo que creó a Arma.
– ¿De modo que Arma no es más que un arma creada por el planeta?
– Así es.
– ¿Algún Cetra vio a Arma en acción?
– No. Los Cetra lograron neutralizar a la calamidad de los cielos y encerrarlo para siempre. Arma no fue necesario.
– Entonces Arma ya no existe.

La mujer se acercó a la cámara negando con la cabeza.

– Arma no puede desaparecer. Permanece en algún lugar del planeta, durmiendo. Mientras Jénova siga encerrada cabrá la posibilidad de que se libere. Mientras Jénova exista el Planeta no podrá sanar del todo. El Planeta sigue observando a Jénova con atención.
– ¿Dónde está Arma?
– No lo sé, ya no puedo escuchar al Planeta como antes – los ojos de Ifalna se humedecieron.
– Gracias, Ifalna. Esto es todo por hoy.

El vídeo terminó. Cloud quedó un momento analizando la situación. ¿Ifalna era una Anciana? Se expresaba igual que Aerith cuando hablaba del Planeta. ¿Quién era esa gente? ¿Por qué sabían de la existencia de Jénova? Cloud pensaba que era un asunto interno de Shin Ra S.A.

Por otra parte a Cloud le inquietó pensar que el Planeta guardaba una especie de gran arma destructiva en alguna parte. Sonrió y negó con la cabeza. “Tú nunca habrías creído estas pamplinas, SOLDADO”. Se acordó de Aerith. Se entristeció. “Sin embargo ahora las crees”.

Miró la pantalla y recordó que todavía le quedaba la opción “3”, que se llamaba “Confidencial”. Aquello prometía.

Pulsó la tecla “3” y la pantalla se refrescó con un nuevo menú.

“1 Décimo día
2 Vigésimo día

option?[1]:”

Cloud pulsó la tecla de entrada una vez más, pero el vídeo no se reprodujo. En su lugar, apareció una palabra que Cloud aborrecía, al lado de un cursor parpadeante:

“Password?: _”

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