Capítulo XXI – En marcha

9 noviembre 2007

Habí­an pasado tres dí­as desde el fatí­dico momento en que Aerith, la última de los Cetra, pereciera a manos de Sephiroth. Cloud habí­a llevado el cuerpo de la muchacha al estanque que habí­a frente a la caracola y lo habí­a depositado allí­, con la esperanza de que en aquella agua bendita la vida penetrara de nuevo en ella. Pero no habí­a sido así­. El cuerpo de Aerith habí­a ido a la deriva hacia el centro del estanque y allí­ habí­a empezado a hundirse. Cloud se habí­a echado a llorar mientras la habí­a visto desaparecer.

Desde aquella especie de funeral, Cloud se habí­a encerrado en una caracola que había encontrado en el camino y no habí­a vuelto a salir. El resto del grupo se reuní­a en otra. Para todos eran momentos difí­ciles, pero sabí­an que debí­an marcharse a otro lugar, pues las provisiones empezaban a escasear y allí­ no habí­a nada para comer.

– Alguien deberí­a decirle a Cloud que es hora de marcharse – propuso Tifa.
– Dale un respiro – protestó Barret -. Para él la pérdida ha sido más terrible que para nadie. Él la amaba, Tifa.
– Lo sé – repuso Tifa intentando disimular el daño que le hacían esas palabras -, pero si seguimos aquí­ moriremos de inanición.
– Tifa tiene razón – intervino Vincent que estaba en un rincón apoyado contra la pared -. Alguien debe ir a hablar con Cloud.
– No contéis conmigo – avisó Cid mientras se encendí­a otro cigarrillo -. Se me dan muy mal estas cosas.

Red echó un vistazo a su alrededor. Vincent era muy frí­o. Barret, un bruto. Yuffie estaba en una cama llorando a moco tendido.

– Iré yo – dijo finalmente.

Mientras, Cloud seguí­a en su caracola. Habí­a permanecido tres dí­as echado en la cama mirando el techo. No tení­a ganas de nada. Sólo deseaba que el tiempo pasara y que su cuerpo se consumiera lentamente en aquel lugar hasta el fin de los dí­as. Pero oyó una voz que le turbó y le hizo levantarse.

(No te pongas así­. Sólo ha vuelto al Planeta)

– ¡Maldito seas, Sephiroth! – gritó Cloud con furia mientras recogía su espada del suelo y miraba a su alrededor.

(Pronto partiré hacia el norte. La Tierra Prometida me espera)

– ¿Dónde te escondes?

(¿Dónde me escondo? – rió a carcajadas – No creo que te sea posible llegar adonde estoy)

– Créeme Sephiroth, que si hay algún modo de llegar y de destruirte, lo encontraré y te mataré.

Sephiroth no supo por qué, pero sintió congoja.

(Vamos, deja de actuar como si estuvieses furioso… – dijo cambiando de tema)

– ¿De qué hablas? Me has arrebatado a Aerith. Jamás te perdonaré.

(Tampoco tienes que actuar como si estuvieses triste…)

– ¿Qué quieres decir? – el corazón se le aceleró a Cloud. Sephiroth sabí­a algo que él no y se lo estaba ocultando.

(Vamos, Cloud. No puedes intentar ser algo que no eres.)

– ¿Por qué dices eso?

(Porque eres…)

– ¡Cloud! – gritó Red desde la puerta de la caracola que vio a Cloud empuñando su espadón – ¡No hagas una locura!
– ¡Calla! – le espetó el ex-SOLDADO – Sephiroth está aquí­.

Red echó un vistazo alrededor y miró a Cloud con compasión.

– Cloud, Sephiroth no está aquí­. Tranquilí­zate.
– He oí­do su voz. La oigo a veces, Red – el terror se habí­a afincado en los ojos de Cloud -. Me habla y me dice cosas que no entiendo.
– Sephiroth sólo quiere hacerte daño, Cloud. No debes confiar en sus palabras… ¡Están cargadas de veneno!
– Si quisiera hacerme daño me habrí­a matado a mí­ también. ¿Por qué me deja con vida?
– Quizá teme enfrentarse contigo.
– Tonterí­as. Sephiroth es demasiado poderoso para mí­, y él lo sabe. Me deja con vida porque… puedo serle útil.
– ¿A qué te refieres? – preguntó Red intrigado.
– ¿Es que no te das cuenta? Cuando Sephiroth está delante pierdo el control de mi cuerpo. Estuve a punto de llevar a cabo la ejecución de Aerith – al decir esto se le quebró la voz y dio media vuelta.
– Cloud, debemos pararle los pies a Sephiroth. Sé el dolor que sientes, y créeme cuando te digo que el mí­o no es mucho menor, pero debemos abandonar ya la Ciudad Arcana.
– Red… confí­o en ti. Serás un gran lí­der para el grupo. Pero yo no iré a ninguna parte. Podrí­a ser capaz de hacer algo terrible. Lo mejor es que me quede aquí, con Aerith.
– ¡Eh! – gritó Barret desde la puerta. Al ver que Red se demoraba habí­a venido a echar una mano. Se dirigió hacia Cloud y lo cogió por el cuello. Le apuntó a la cabeza con su brazo-arma – No harás nada terrible, porque yo estaré allí para vigilarte todo el tiempo.

Cloud miró a Barret. El hombretón de Corel había cambiado mucho. Al principio no quería a Cloud como líder, y sin embargo ahora no quería viajar sin él a la cabeza.

– Prometedme – empezó a decir – que si voy a hacer una locura tendréis el valor necesario para pararme los piés, aunque para ello debáis matarme.
– Lo prometemos – dijeron al unísono.

El ex-SOLDADO se alegró de tener tan buenos amigos como Red y Barret y el fuego de la venganza ardió en él con furia como antaño.

– Le daremos caza a Sephiroth y lo destruiremos.
– Y a los Shin Ra también – añadió Barret quien no olvidaba a Biggs, Wedge y Jesse; ni el asesinato de todo un sector en Midgar.
– En marcha.

Red y Barret abandonaron la caracola. Cloud echó mano de sus efectos personales y se dirigió hacia la puerta. Justo cuando iba a cruzarla oyó de nuevo la voz.

(Porque eres una marioneta)

– ¡Cállate!

En un estallido de furia Cloud cargó contra la cama en la que había descansado esos días y la abrió en canal. Se quedó un rato quieto, pero la voz no volvió a molestarle.

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