Capítulo XXXIII – Cloud Strife (Parte Primera)

7 junio 2009

Cloud Strife

Cloud Strife

Frío, adusto, desagradable, egoísta. Cordial, amable, benévolo, desinteresado. No es posible hablar de Cloud Strife sin entrar en contradicción. Las dos vidas de Cloud le obligaron a desarrollar dos personalidades. Dos personas con un pasado distinto y unos objetivos dispares. Querido y admirado por todos sus compañeros, ostenta la posición de líder sin haber pretendido serlo. Para comprender las motivaciones de este líder conviene dar un repaso a su vida.

Cloud Strife nació en Nibelheim, una pequeña villa a las faldas del Monte Nibel. Fue criado por una madre soltera y sobreprotectora que lo convirtió en un niño introvertido y tímido. Su carácter pasaba desapercibido entre las gentes de Nibelheim, que se caracterizaban por su aspereza y hosquedad. La sombra del monte, la constante niebla y la escasez de alimentos hacía que los habitantes de aquella pequeña villa luciesen macilentos y mustios. Pero había una excepción o, al menos, eso le parecía al pequeño hijo de la señora Strife. La excepción se llamaba Tifa Lockhart. La muchacha, un año menor que él, vivía en el mismo pasaje. Provenía de una familia más pudiente. Era hermosa y jovial, aunque su madre siempre la calificaba de “pizpireta”, palabra cuyo significado Cloud desconocía, pero que, no sabía por qué, le encajaba perfectamente. Su sola presencia hacía que Cloud se sintiese en paz.

Por desgracia para Cloud, Tifa era popular entre la muchachada nibelfeña. Tenía un grupo de amigos con quienes pasaba los días jugando a juegos que el pequeño Cloud ni siquiera conocía. Los observaba desde la ventana de su casa. De vez en cuando veía cómo aquellos niños le señalaban y se reían; entonces echaba la cortina y se quedaba un rato esperando a que el corazón volviese a latir a un ritmo normal.

Un día la madre de Tifa murió, y ésta se aventuró en el monte pensando que su madre se encontraba allí. Viendo el peligro que esto entrañaba, Cloud decidió seguirla. Finalmente ambos cayeron por un despeñadero, aunque Tifa sufrió peor suerte y cayó en coma. La familia y amigos culpó a Cloud de lo sucedido. Aunque la madre del muchacho siempre intentó protegerle, él no se creía inocente. Su falta de fuerza y destreza había hecho que no fuese capaz de salvar a Tifa.

Harto de aquel pueblo, de las acusaciones y de odiarse a sí mismo por ser quien era, Cloud tomó una decisión: abandonaría Nibelheim para ir a Midgar y así unirse a SOLDADO, el cuerpo de élite de las fuerzas armadas de Shin Ra. Deseaba convertirse en otra persona. El destino, al parecer, no está carente de cierta ironía. A pesar de las súplicas de su madre, el pequeño Strife se puso en contacto con la empresa y preparó su viaje. El día antes de marcharse llamó a la ventana de Tifa con unas piedras para que los padres no le oyeran y la citó en el pozo de la plaza central. Le comunicó la noticia y le hizo una promesa: si alguna vez Tifa se encontraba en apuros, él acudiría en su auxilio.

Cuando ingresó el en ejército de Shin Ra Cloud fue víctima de burlas. Su complexión delgada y sus escasas dotes para la lucha hicieron que pronto quedase marginado y relegado a tareas de poca importancia. Un día, mientras fregaba los retretes, sintióse más desdichado que nunca. El aire acondicionado resecaba sus ojos acostumbrados a la humedad de Nibelheim y los materiales químicos hacían que le escociesen las manos. Harto, pateó el cubo de agua y se maldijo a sí mismo por ser tan inútil. Alguien que paseaba cerca escuchó los lamentos de Cloud. Entró en el lavabo y se encontró al joven sentado contra la pared, abrazándose las piernas.

– ¿Qué ocurre? ¿Algún problema? – le dijo con preocupación.
– El problema soy yo. Soy un completo inútil. Huí de mi pueblo para hacerme fuerte en el ejército de Shin Ra, y aquí estoy, limpiando retretes. Y ni siquiera eso me resulta fácil. Mira mis manos. Si no soy capaz de usar un paño cómo voy a empuñar una espada.
– ¿Cómo te llamas? – le preguntó aquel otro joven con voz amable.
– Strife. Cloud Strife.
– Está bien, Cloud. Yo me llamo Zack, y soy miembro de SOLDADO.

Cloud lo miró con renovado interés. Sus lágrimas cesaron y de pronto sintió admiración por aquel guerrero que había tenido la deferencia de sentarse a su lado y hablar con él.

– Verás – prosiguió Zack -, cuando yo entré en Shin Ra no era muy distinto a ti. Yo también soy del otro continente, ¿sabes? Me crié en Gongaga, al sudoeste del desierto. Pero a base de entrenamiento y fuerza de voluntad llegué hasta donde estoy.
– Lo mío no se arregla con entrenamiento y fuerza de voluntad – repuso Cloud con voz de abatimiento.
– Por supuesto que no. Tú necesitas además confianza en ti mismo. Te rindes antes de empezar.
– La última vez que jugué a ser un héroe mi amiga quedó en coma.
– Entiendo. ¿Sabes lo que haremos? Te entrenaré personalmente en mis ratos libres. Cuando te vea preparado pediré tu compañía para alguna misión a Angeal, mi responsable. Con un poco de suerte podremos trabajar juntos. ¿Qué me dices?

El jovenzuelo nibelfeño se sintió abrumado. ¿Entrenado por un miembro de SOLDADO? ¿Participar en misiones de alta prioridad? Aquellos pensamientos le hicieron ruborizarse por completo.

– Supongo que esa cara significa que sí – le dijo Zack sonriendo.

Los dos muchachos pronto hicieron amistad. Entrenaron duro durante las noches. Zack le enseñó a Cloud el arte de la espada. Infundió a Cloud confianza en sí mismo, e incluso le enseñó a usar Materia, algo reservado solo al cuerpo de élite de Shin Ra. Cuando estuvo listo Zack movió hilos para que asignasen a Cloud como escolta para una misión importante en la que también participaría Zeng, de Los Turcos. La confianza de Cloud aumentó, como también lo hiciera su gratitud y afecto por Zack, a quien llegó a considerar un hermano mayor. Desde aquella dura misión fueron inseparables.

Un día asignaron a Cloud y a Zack a otra misión que cambiaría sus vidas para siempre. Se trataba de una misión en Nibelheim, el pueblo natal de Cloud. Pero eso no era todo: el miembro encargado de la misión era ni más ni menos que Sephiroth, toda una leyenda en Shin Ra y en el mundo entero. Cuando Zack le comunicó la noticia, Cloud palideció. “¿Qué ocurre? ¿No te hace ilusión volver a Nibelheim?”. En realidad Cloud se sintió aterrado por aparecer ante Tifa siendo un soldado raso. Decidió ocultar su rostro tras la máscara oficial y no revelarse a sus conocidos como lo que era.

De camino a Nibelheim Sephiroth hizo gala de su extraordinario poder al acabar con un dragón de un solo golpe. Cloud quedó petrificado ante lo terrible de aquel poder. Cuando llegaron a Nibelheim Sephiroth le preguntó qué se sentía al volver a la ciudad natal de uno, pues él no tenía uno. El joven soldado no entendió entonces el significado de aquellas palabras. Se ocultó tras su máscara como había previsto y se adentró en el pueblo.

Pasaron la noche en la posada. Al día siguiente Cloud se encontró con Tifa y sintió ganas de saludarla y abrazarla. Habían pasado dos años desde que se despidiese de ella. Estaba hermosa. Ella fue la encargada de guiar a la compañía hasta el reactor del Monte Nibel que, por lo visto, se había estropeado. Encargaron a Cloud el custodio de la puerta principal, por lo que le tocó mantener a Tifa lejos de la entrada. Se sintió triste al estar a solas con su amiga y no poder dirigirle la palabra. Pero la cobardía todavía era el rasgo más fuerte de su personalidad.

Algo ocurrió en el interior del reactor y Sephiroth enloqueció. Al cabo de unos días arrasó Nibelheim y se dirigió al reactor. Zack corrió para tratar de detenerle. Cloud, aturdido, siguió la estela de los acontecimientos, que le llevó hasta el reactor. Una vez allí pudo comprobar como Tifa se encontraba inconsciente y malherida sobre una pasarela metálica. Pero no era la única. Su amigo Zack también yacía fuera de combate, con heridas que llevaban la marca de Sephiroth. Cloud se enfureció. ¿Quién creía ser aquel hombre para arrasar su pueblo y atacar a sus dos mejores amigos de aquella forma? Ciego de ira, tomó el espadón de Zack y se enfrentó a Sephiroth, provocándole la muerte al lanzarlo al makko. Pero las heridas del combate hicieron que quedase inconsciente.

Más tarde llegaron las autoridades de Shin Ra. El profesor Hojo examinó los dos únicos cuerpos que quedaban en la escena: el de Cloud y el de Zack. Sephiroth había desaparecido y Tifa había sido recogida por su maestro, Zangan. Tras evaluar las heridas decidió llevárselos a su laboratorio para intentar salvarles. Esta era la versión oficial, por supuesto. En realidad los utilizó para proseguir con sus investigaciones con las células de JÉNOVA. Cuando despertaron con un renovado poder, Cloud y Zack escaparon de las instalaciones de Hojo. Por desgracia para Zack, su cuerpo no toleró las células de JÉNOVA, y empiezó a deteriorarse físicamente a gran velocidad. Cloud hizo lo posible por ayudarle, pero su estado también era bastante comprometido. Las conexiones neuronales de su cerebro sufrieron grandes daños durante los experimentos y las células de JÉNOVA intentaban recomponer ese organismo de una forma caótica, provocándole desorientación y pérdida de memoria. Finalmente Zack pereció durante la huida de las tropas de Shin Ra y Cloud lloró su muerte. Las células de JÉNOVA entonces decidieron recomponer los recuerdos perdidos de Cloud con las historias de Zack, ya muerto. Y así nace la segunda personalidad de Cloud Strife, el mercenario. Incluso llegó a pensar que la idea de hacerse mercenario había sido suya. Tomó las ropas de Zack y su espadón e inició una nueva vida en Midgar.

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