Capítulo XVII – Dos

9 noviembre 2007

– ¿Quién es usted? – Cloud corrió hacia la figura encorvada que había en la cocina – ¿Qué ha…?

La criatura que había bajo la capa negra no era su madre. Era un hombre de ojos protuberantes y piel pálida. Tenía un rostro calavérico y macilento. Su carne se pegaba a sus huesos de tal forma que parecía ser un esqueleto andante. Respiraba con dificultad.

– Unión… unión… – dijo aquel ser agarrando a Cloud por los antebrazos con fuerza. Su mirada estaba perdida y desorbitada – Debo… ir…. – se desplomó. Acto seguido siguió reptando en círculos.

Cloud volvió afuera. Tifa salió de su casa tan pálida como la persona a la que Cloud acababa de ver. Algo estaba ocurriendo en Nibelheim. Se apoyó contra la estructura de madera que servía para sostener una gran cisterna que había en la plaza central. Sintió dolor de cabeza. Miró a su alrededor y todo estaba en llamas. Sus amigos habían desaparecido. El olor a muerte le envolvía y el calor de las llamas le hacía sudar. Miró hacia lo alto de la estructura y las llamas y el calor se evaporaron. Se hizo de noche y una suave brisa recorrió su tez. Arriba, vio a dos niños sentados sobre la cisterna, observando las estrellas. Eran él y Tifa. El dolor de cabeza se acentuó y cayó al suelo. La cabeza le daba vueltas. Sentía ganas de vomitar. Se sentía enfermo y tenía mucho frío. Notó el calor de una mano que cogía la suya. Todo cesó. Vio a Aerith arrodillada, cogiendo su mano. Sus amigos estaban detrás. Parecían preocupados. ¿Qué había estado haciendo?

– ¿Mejor ahora? – le dijo con dulzura, sonriendo.
– Sí – dijo, y se incorporó.

El pueblo seguía como antaño, se resistía a los cambios. El silencio y la ausencia de gente en las calles era algo habitual, al igual que la niebla. La gente moribunda vagando por la que fuera su casa no era tan normal. Los tejados de las casas eran rojos y las fachadas eran amarillentas, pues el tiempo había degradado el blanco con el que fueron pintadas.
Echó un vistazo por las ventanas de las casas más cercanas. En todas había gente encapuchada, vestida totalmente de negro. No conocía a nadie. Ni siquiera podía asegurar que aquello fuesen personas. Entró en la posada y no vio a nadie. Subió las escaleras y, junto a la cama, vio a otra criatura encorvada y encapuchada. Se acercó y lo miró a los ojos.

– ¿Quiénes sois? ¿Qué hacéis aquí?
– Unión… debo asistir….
– ¡¿Qué demonios es esa Unión?! – dijo Cloud zarandeándole.
– ¡AAAAH! – gritó asustada la criatura. Se echó a llorar – Unión…. unión… – siguió mientras se balanzeaba, sollozando.

Cloud la apartó con violencia, haciendo que cayera al suelo. Salió de nuevo y se reunió con sus amigos.

– Ecuchad, está ocurriendo algo muy extraño.
– Está todo plagado de unos hombres extraños, encapuchados – dijo Tifa apresuradamente. Tenía miedo.
– No es por nada, pero… – dijo Barret – vuestro pueblo es un poco extraño. Nunca había estado en un lugar con más silencio. Y esta niebla… huele raro. ¡Mirad a esos! – Barret señaló a dos encapuchados que reptaban por la parte norte del pueblo.

Cloud corrió hacia ellos y se interpuso en su camino.

– ¿Adónde vais?
– Unión…
– Es la unión…, Sephiroth…
– ¿Cómo has dicho? – dijo Cloud casi incrédulo. Se le aceleraba el corazón.
– Nos uniremos…. a Sephiroth….
– Unión… Sephiroth…
– ¿Dónde está?

Ambos señalaron hacia la mansión Shin Ra, el lugar donde Sephiroth enloqueció 5 años atrás. Sin pensárselo, Cloud echó a correr hacia allí. Sus amigos le siguieron. Antes de abrir la puerta los miró de reojo y esperó a que se reunieran a su alrededor.

– ¿Vais a entrar aquí?

Todos asintieron.

– Os advierto de que Sephiroth puede estar ahí dentro – todos se quedaron en silencio. Sabían que tarde o temprano se encontrarían con él, pero pensaban que lo sabrían con más tiempo. -. Otra cosa – prosiguió -, ahí dentro ocurren algunos fenómenos paranormales. Los espíritus intentarán asustaros. Si les ignoráis y no sentís miedo no os podrán hacer nada. ¿Estáis preparados?

Yuffie se ajustó el escudo en el brazo y Tifa estiró sus guantes. Barret cargó su brazo-arma. Cuando Cloud iba a abrir la puerta un chillido llamó su atención. Alguien gritaba desde la entrada del pueblo. Cuando se acercó, no hubo duda: era Cait Sith. El robot gatuno venía corriendo sobre el moguri obeso.

– ¡Esperadme! Yo también quiero entrar.

Cloud lo miró de arriba a abajo con semblante serio. Empezaba a no hacerle gracia aquel robot. No sabía por qué, pero no le inspiraba confianza. Además, su tono jovial y fiestero era desagradable a veces, cuando uno necesitaba estar tranquilo.

– Espero que entiendas lo que quiere decir “no abrir la boca” – le dijo -, porque como grites ahí dentro te partiré en dos con mi espada. ¿Te ha quedado claro, robot?
– Afirmativo – dijo el gato sonriendo. Aerith se agachó y abrió los brazos para acoger a Cait Sith. El robot brincó y se acurrucó.

Para sorpresa de todos, las puertas se abrieron solas, como invitándoles a entrar. Pasaron poco a poco, dejando al moguri gordo inanimado en la puerta. La mansión era grande y majestuosa, aunque era evidente que llevaba muchos años en desuso. Las alfombras del suelo estaban raídas y llenas de polvo. De las paredes colgaban cuadros de algunos presidentes de Shin Ra S.A. y de antiguos miembros de Los Turcos. Aunque sólo lo había visto en fotos, Cloud reconoció en un cuadro al profesor Gast.

Acababan de atravesar el inmenso vestíbulo cuando un piano empezó a sonar. Todos se sobresaltaron.

– ¡No les hagáis caso! – gritó Cloud.

De repente, una cuchilla cogida a una cuerda cayó desde el techo, atravesando a Cloud por completo. Tifa gritó y se llevó las manos a la boca y los demás se quedaron paralizados. Cloud se giró lentamente, desafiando toda ley de la física, sin ningún rasguño.

– No os dejéis engañar por las ilusiones, sólo quieren asustaros.

Todos suspiraron aliviados. Estaban asustados. Esperaban impacientes la siguiente jugarreta de los fantasmas. Vieron algunas calabazas con una cara dibujada que volaban de una habitación a otra. Finalmente subieron por unas escaleras hasta el piso superior. Cloud parecía conocer aquella mansión como la palma de su mano. Entraron a una habitación donde había una cómoda que había sido víctima de las termitas y una lámpara de aceite que se encendía y se apagaba sin ninguna lógica aparente. Las paredes eran de madera, excepto una de las esquinas que estaba hecha de piedra. El ex-SOLDADO miró las piedras durante un rato, dejando intrigados a los demás. Tras tantear un rato, empujó una de ellas. Un grupo de piedras se hundió y apareció una entrada.

– ¡Esta casa es una caja de sorpresas! – exclamó Barret que estaba pegado a Tifa y Aerith.

Haciendo caso omiso de los comentarios de los demás, Cloud avanzó. Aquel hueco conducía a una pasarela de madera que rodeaba una torre en espiral. El estado de la madera era un poco precario, así que avanzaban con cuidado. En más de una ocasión, un tablón se rompió dando un buen susto a quien lo había pisado.
Abajo hacía un frío seco. Los pasos que daban producían eco. Había algunos esqueletos en el suelo y en el techo podían ver cientos de murciélagos. Vieron una puerta de madera abierta. Cloud se detuvo.

– Hay luz.
– ¿Este es… el sótano donde están los archivos secretos de Shin Ra? – preguntó Tifa atemorizada. Si Sephiroth había enloquecido una vez mirando aquellos archivos, qué podría esperarse si se encontraba allí de nuevo – Cloud, no sé si es una buena idea que entremos ahí dentro.
– Podéis volver si queréis. Yo debo ver a Sephiroth – Cloud miró a Red, que asintió.

Avanzaron hasta la puerta. Cloud fue el primero en entrar. Entró lentamente, mirando en todas direcciones. Le siguieron Red y Barret, y más tarde Tifa y Aerith con Cait Sith. Pudieron ver varias bibliotecas vacías, con decenas de libros amontonados en el suelo. Todos los libros tenían la tapa de cuero verde y, en el dorso, el logotipo de Shin Ra S.A. Había velas por todas partes para iluminar la estancia.

Unos pasos se acercaron por un pasillo que llevaba a un despacho. El corazón les latía con fuerza. Se acercaban lentamente. Al fin, una figura alta y esbelta asomó entre las bibliotecas.

– Hola, Sephiroth.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: