Capítulo XIX – Tres

9 noviembre 2007

Cloud se encontraba en mitad de un ring hecho de piedra. Estaba rodeado de un líquido anaranjado que emulaba la lava. Las reglas eran sencillas: debía participar en ocho batallas consecutivas y no debía morir. Dio había dicho algo acerca de unas ruletas entre combates, pero Cloud no había entendido muy bien de qué se trataba.

El grupo observaba a Cloud desde arriba a través de una ventana. La gente empezó a apostar. Algunos decían que era demasiado delgado como para pasar del primer combate. Otros, decían que podría llegar al cuarto. Finalmente se cerraron las apuestas y todo el mundo se apostó junto a la barandilla para ver a Cloud.

Se abrió una compuerta. Cloud empuñó su espada y se preparó para recibir a su contrincante. Una manada de lobos salvajes apareció en escena. Cloud no se esperaba tener que luchar contra ese tipo de adversarios, pero no le importó.
Los lobos rodearon a Cloud, quien no había movido ni un solo músculo. Observaba a sus adversarios, intentando prever cualquier ataque. Un lobo se lanzó contra él, pero Cloud se tiró al suelo, aguantó con una mano en el sueño mientras con la otra describió un arco que partió al lobo en dos mitades. Volvió a incorporarse y a adoptar la pose de combate.

– ¡Eres el mejor! – gritaba Aerith que estaba muy excitada.
– No te molestes – le dijo Dio -. No puede oírnos. Nada puede atravesar estos cristales.

Los lobos quedaron consternados ante la muerte de su compañero. Empezaron a ladrar y pronto se lanzaron al ataque de forma desordenada. Cloud giró sobre sí mismo, atestando varios espadazos. Saltó y se colocó en una esquina del ring. Los lobos que quedaban con vida lo miraban con furia. Avanzaban hacia él lentamente. Cloud estiró el brazo de forma algo chulesca y una lluvia de rayos cayó sobre los lobos, que pronto murieron por una sobredosis de corriente eléctrica. Cloud apartó los cadáveres y los arrojó fuera del ring. Miró hacia arriba, hacia Dio, de forma desafiante.

– ¡Bien, bien!¡Muy bien! – exclamó Dio. Realmente se estaba divirtiendo – Un gran luchador, sin duda. Veamos si la suerte le acompaña tanto como la fuerza.

Tres ruletas enormes bajaron desde el techo; y, frente a Cloud, apareció un panel con un enorme botón rojo. Las ruletas empezaron a girar. No fue muy difícil atar cabos, de modo que pulsó el botón y esperó el resultado. Una de las ruletas se detuvo. Mostraba el dibujo de varias esferas de colores.

– ¡Mala suerte! Se quedó sin Materia – dijo Dio entre carcajadas. Al resto del grupo no le pareció tan divertido.

La espada de Cloud empezó a temblar de forma descontrolada. La tapa tras la que Cloud guardaba su Materia se abrió, y, sin poder evitarlo, vio como todas y cada una de las esferas de colores salían despedidas hacia el techo y eran engullidas por un enorme agujero.

– ¿Pero qué…? – Cloud no entendía nada.

No le dio tiempo a asimilar la pérdida de su Materia cuando la compuerta se abrió de nuevo y un enorme adamantaimai apareció por ella. Se trataba de un monstruo cuadrúpedo de una inteligencia prácticamente nula que suplía con una fuerza descomunal. Cloud dio un paso atrás sin poder creerse lo que estaba viendo. ¿Cómo podían tener cautivo a un adamantaimai?

El monstruo se avalanzó sobre él. Cloud dio un salto y lo esquivó sin problemas. El adamantaimai giró su cabeza y observó a Cloud, que estaba cerca del borde del ring. Alzó una de sus enormes patas y la dejó caer con fuerza. Todo el ring tembló, y Cloud casi perdió el equilibrio. El monstruo aprovechó ese momento para atestarle un golpe brutal con su cola. Cloud salió despedido y se estrelló contra el muro. Pudo agarrarse al borde del ring antes de caer.
El adamantaimai rugió con fuerza, celebrando su triunfo. Cloud cogió impulso y subió de nuevo al ring. Empuñó su espada sobre su cabeza, como si fuera un escorpión con la cola en alza. El monstruo, al ver el enorme aguijón de Cloud, dio un paso atrás. Los adamantaimais solían tener luchas brutales contra los cometodos, unos insectos gigantes con un gran aguijón en la parte trasera, de modo que sabía lo que significaba un buen pinchazo.

Cloud echó a correr contra el monstruo, que se defendió intentando aporrearle con su gran pata. El ex-SOLDADO lo esquivó con facilidad, saltando hacia otro lado. El adamantaimai giró rápidamente para volver a encararse con él. Para ser un monstruo de unas proporciones tan grandes, su velocidad era considerable. El monstruo no le quitaba los ojos de encima al espadón. Cloud pronto se dio cuenta e ideó un plan. Lanzó su espada hacia arriba, mientras él saltó al vacío a un lado del ring. Se apoyó en la pared y saltó aún más alto. El monstruo, nervioso, intentaba observar tanto a Cloud como al aguijón, que había empezado a caer. Finalmente, Cloud se posó sobre el lomo del adamantaimai, cogió la espada y la clavó con fuerza. El monstruo profirió un rugido de furia y se sacudió con violencia. Cloud saltó y se colocó lejos de él, empuñando de nuevo la espada sobre la cabeza.

El adamantaimai había sufrido una herida considerable en la parte delantera de su lomo. La sangre amarilla le caía en varios hilos por su pata. Ahora que sabía que Cloud podía separarse de su aguijón, le tenía más miedo. Pero no tardó en trazar un pequeño plan, tan grande como su diminuto cerebro le permitía: debía arrebatarle a Cloud su aguijón, y luego aplastarle.

Sin pensarlo dos veces, el monstruo se avalanzó sobre Cloud a la vez que gruñía con rabia. Cloud, que no se esperaba un ataque así, intentó huir en vano. Estaba acorralado contra el borde. El adamantaimai le intentó dar un manotazo, pero Cloud lo rechazó con su espada. Sus brazos se resintieron. Pronto, hubo de rechazar otro manotazo con su espadón. El monstruo se decidió a cansarle, y empezó con una serie de manotazos que no parecía acabar nunca. Cloud los rechazaba uno tras otro, pero sus brazos estaban a punto de explotar. Aguantó estoicamente durante unos minutos, pero el monstruo no parecía cansarse lo más mínimo. Debía pensar en algo, o pronto su espada caería a aquel extraño líquido, y entonces sí que estaría perdido.

Saltó hacia atrás y se dejó caer. Se agarró con una mano al borde del ring y se balanceó. Aprovechó la confusión que ese movimiento había provocado en el monstruo y se balanceó. Cuando hubo acumulado empuje suficiente, volvió a subir y clavó su espadón en el torso del adamantaimai. El monstruo se alejó rápidamente, agonizando y vomitando sangre. Cloud volvió a empuñar su espada sobre la cabeza.

El adamantaimai miraba a Cloud de reojo. Sentía furia. Quería aplastar a aquella insignificante criatura que le estaba plantando cara, pero era incapaz. Ahora, uno de sus tres pulmones estaba inundado de sangre, y le costaba respirar. Cloud no creía que pudiera tener de nuevo la oportunidad de acercarse tanto como para darle el toque de gracia. Debía intentar algo a distancia, pero no tenía Materia. Pensó en una técnica que aprendió en la academia de Shin Ra. Era un movimiento complicado, pero merecía la pena intentarlo. Su nombre era “Corte Cruzado”. Quien dominara aquella técnica era capaz de enviar varios cortes mortales a distancia y, además, paralizar a su enemigo durante un tiempo.

Cloud empezó a rodear el ring, mirando de forma desafiante al monstruo. El adamantaimai, giraba en el mismo sentido, arrastrando su enorme cuerpo y dejando un rastro de sangre amarilla. Cloud paró en secó y se dispuso a atacar. Corrió hacia el monstruo, que rugió y se puso a la defensiva. Pero, para sorpresa del monstruo, Cloud paró a mitad de trayecto y dio varios espadazos al aire. El adamantaimai escuchó nervioso como algo invisible se le acercaba, algo raudo. El sonido cesó, y el adamantaimai no sintió nada. Cloud estaba en mitad del ring. Había lanzado su espada al suelo y se había sentado con las piernas cruzadas. El monstruo no pudo resistirse y se dispuso a aplastarle. Pero cuando intentó avanzar, se dio cuenta de que su pierna se había separado limpiamente del resto del cuerpo. Cayó al suelo y entonces lo que quedaba de su cuerpo se separó en dos partes, encharcándolo todo de sangre.

Parecía increíble, pero la mitad delantera del adamantaimai, con la única pierna de la que podía disponer, empezó a reptar espasmódicamente en un intento desesperado de atrapar a Cloud entre sus fauces y acabar con él. Pero, como bien sabía Cloud, el monstruo no tardó en quedar totalmente paralizado debido a la técnica secreta. Impotente, el adamantaimai quedó paralizado, viendo como Cloud se le escapa delante de sus narices y desangrándose lentamente. Murió.

– ¡Síiiiiiiiiiiiiiii! – gritaron todos arriba.

Fuera del ring, arriba, se había formado un griterío enorme. Los que habían apostado bajo por Cloud se marchaban maldiciendo su suerte. Los que habían apostado alto seguían allí, festejando la victoria. Más que por Cloud, se alegraban de la cantidad de dinero que acababan de ganar.

Cloud, ajeno a todo aquello, avanzó hacia el botón rojo y lo presionó con furia. Empezaba a no hacerle gracia aquel juego. Le dolían los brazos, y quería recuperar su Materia. Esperó a que la ruleta dejara de girar. Pudo ver el dibujo de una espada partida en dos.

– No puede…

Antes de que pudiera acabar la frase, su espada se rompió en mil pedazos.

– ¡Pero qué demonios es esto! – se quejó mirando a Dio, aunque éste no podía escucharle.
– ¡Le habéis roto la espada a Cloud! – se quejó Tifa.
– Tranquilos, sólo es un área de batalla – explicó Dio.
– ¿Qué tiene eso que ver? Cloud acaba de perder su espada – insistió Tifa.
– Será mejor que te calles y observes – gritó Dio tajantemente. No soportaba que nadie le interrumpiera su diversión, y el siguiente enemigo estaba a punto de aparecer.

Cloud, indignado y desarmado, observaba la compuerta abierta. Un enorme fuego se encendió dentro. En contra de todo pronóstico, una enorme bola de fuego salió despedida, directa hacia él. Cloud dio varias volteretas hacia atrás y adoptó una pose de combate extraña en él. Aunque no tenía su espadón, había sido miembro de SOLDADO. Sabía manejar cualquier arma de cuerpo a cuerpo, incluyendo sus propios puños. Esperaba a su contrincante pero no apareció. Sin embargo, la bola de fuego se alzó en el aire de forma ingrávida. Cloud la miró extrañado, y pudo distinguir algo parecido a dos ojos y una boca en ella.

– Es… un bum – susurró para sí mismo.

Los bums eran criaturas realmente extrañas. Quedaban muy pocas en el mundo. Estaban formadas por un pequeño núcleo gaseoso y rodeadas de un fuego que jamás se apagaba, excepto cuando morían. No había arma capaz de dañarlos.

Los huecos que hacían las veces de ojos miraban a Cloud, que se sentía impotente. No veía como podría vencer a aquel monstruo. Si intentaba atestarle un solo puñetazo, su brazo se calcinaría sin remedio. Necesitaba Materia elemental de hielo, pero ésta estaba en los bolsillos de Tifa.

– ¡Ja! Esta es una de mis criaturas favoritas. Veremos cómo se las ingenia – la excitación de Dio crecía por momentos.
– Eso es un bum – le dijo Vincent -. Es físicamente imposible que Cloud venza a esa cosa sin nada más que sus puños.
– Bueno, bueno, este chico tiene recursos – se excusó Dio.
– Nadie tiene recursos contra eso en estas condiciones – le dijo Vincent alzando la voz más de lo normal. Cogió a Dio del cuello con su brazo dorado -. Suspenda el combate.
– No puedo hacerlo…
– ¡Morirá!
– Oye, las reglas con las reglas. Debe abandonar él.
– Serás… – gruñó Vincent soltando a Dio.

Cloud rodeaba el ring, intentando pensar en algo. Su mente era rápida trazando planes, pero esta vez no se le ocurría ninguno. El bum rugía con fuerza, aunque sonaba como si la serpiente Zolom hiciera gárgaras con el agua de su charca. Cloud, desesperado, echó un vistazo a su alrededor. Piedras. Sólo vio piedras. Piedras talladas y encajadas a la perfección en la pared, en el techo y en…

– El ring – se dijo a sí mismo.

Ni corto ni perezoso, Cloud se fue al borde del ring y tiró de una de las piedras. Tiró con todas sus fuerzas hasta que la piedra se desprendió. El bum lo miraba con una mirada totalmente inexpresiva. Cloud lanzó la piedra contra el bum. La piedra ardió rápidamente, y el bum aumentó de volumen. Cloud quedó paralizado. Intentó imaginar la temperatura que debía tener el bum en su interior para derretir la piedra.

Cloud miró hacia la ventana e hizo un gesto con la mano. Abandonaba.

– Bueeeno – dijo Dio suspirando -, no ha estado mal para ser la primera vez.

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Una respuesta to “Capítulo XIX – Tres”

  1. Kuraudo said

    “UnA de las ruletas se detuvo. Mostraba el dibujo de varias esferas de colores.”

    “El monstruo se avalanzó sobre él. Cloud dio un salto y lo esquivó sIn problemas.”

    “Cuando hubO cogido empuje suficiente, volvió a subir arriba…”

    Además de la “O” marcada, el pleonasmo “subir arriba”
    y en las dos líneas anteriores se repite “se balanceó”…como que se ve mal ^^¡

    “Aunque no tenía su espadón, había formado miembro de SOLDADO”

    no será “formado parte” o “había sido” ??

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