Capítulo XIV – Cuatro

8 noviembre 2007

Una música pegadiza hizo que cualquier intento de conversación fuera en vano. Dejaron atrás la nube que atravesaban y los fuegos artificiales lo invadieron todo. Cientos de cohetes de mil colores surcaban el cielo para explotar y crear formas fantásticas. Pudieron ver un gran árbol dorado que se asomaba perforando la nube. El árbol metálico estaba iluminado por todas partes, y de él salían unas cuantas ramas que acababan en pabellones dorados.

A medida que se acercaban podían ver el interior de cada pabellón. Pudieron distinguir una enorme pista por donde corrían chocobos de distintos colores. En otro pabellón, al cabo de otra rama, vieron una tarima de piedra donde dos luchadores peleaban. Cuando ya estaban a punto de llegar vieron uno bastante deprimente en el que parecía haber un hotel destartalado junto a un cementerio.

Entraron en la estación. El funicular acababa de salir de la boca de un gigantesco moguri hecho de fibra sintética. Un hombre vestido de pato caminaba torpemente hacia el funicular para abrirles la puerta.

– ¡Bienvenidos a Gold Saucer!

Fueron hacia la entrada y la taquillera les anunció que, por ser un grupo de cinco personas (no reparó en Red), les saldría por 3000 guiles pasar una noche en Gold Saucer. Cloud se negó rotundamente.

– Vamos, Cloud… – le suplicó Aerith con voz infantil – Podríamos pasar una noche aquí. Sólo una noche.
– No creo que esté el ambiente para parques de atracciones – repuso Cloud señalando con la cabeza a Barret.
– Ya, verás… cuando ocurre algo así, lo mejor es actuar con normalidad. ¿Prefieres pasar la noche en Corel? Sé razonable.

Aerith tenía razón, cualquier opción era mejor que pasar la noche en Corel. No obstante, Cloud odiaba los ambientes festivos, y más los parques de atracciones llenos de niños histéricos corriendo de aquí para allá. Además, los fondos empezaban a escasear, y pagar 3000 guiles por una noche hacía que se le revolvieran las tripas. De todas formas no podían regresar a Corel y era demasiado tarde para reemprender el viaje.

– Tenemos poco dinero.
– Ya haremos algo para conseguir más. Podríamos vender los medallones que compraste.
– Malvenderlos, querrás decir.
– Siento interrumpir, pero deberíamos tomar una decisión. Llevamos casi veinticuatro horas sin tregua y estamos un poco fatigados – terció Red.
– Está bien, nos quedaremos por esta noche.

Pagaron la entrada y pasaron a una sala circular llena de dibujos de colores. En la pared había agujeros que conducían a cada uno de los “mundos” de que disponía Gold Saucer. Aerith, Yuffie y Tifa estaban emocionadas admirando los dibujos y dejándose llevar por la alegre música.

– ¡Me cago en la puta! – gritó Barret haciendo que todos le miraran. La música pareció cesar por un momento – ¿Creeis que tengo el cuerpo para toda esta mierda? – dijo señalando con el dedo el decorado – ¡Que os den a todos! – salió corriendo y se tiró por un agujero que, según el cartel, conducía al área de juego.
– Vaya humos… – dijo Yuffie mirando hacia el agujero por el que acababa de desaparecer Barret.
– Pobre Barret. Cloud, creo que deberíamos ir a hablar con él – dijo Tifa.
– No soy bueno en eso, creo que paso.
– Acompáñame, por favor… – le suplicó Tifa.

Cloud suspiró. Era incapaz de negarle un favor a su mejor amiga.

– Está bien.

Se marcharon por el mismo agujero que Barret. Cayeron durante un rato por un tobogán. No veían nada. El tobogán parecía torcer a la derecha. De pronto estaban en una cinta blandita que les propulsaba hacia arriba. Vieron una luz al final del túnel y ¡zas! salieron disparados por otro agujero.
Cloud echó un vistazo a su alrededor. Si había algún lugar donde pudiera haber más niños odiosos, era aquél. Al lado del agujero por el que acababan de salir había unos cuantos más que llevaban a los mismos sitios que los de la sala anterior. Parecía ser que todo el parque estaba intercomunicado por ese complejo de toboganes.

Un robot con forma de gato parlante se les acercó. Iba montado en otro robot con forma de moguri gordo que parecía más bien un mero medio de transporte para el diminuto gato. Cloud ya había visto algunos robots como aquél, capaces de moverse sin intervención humana. Podían mantener pequeñas conversaciones, aunque la mitad de las veces te hacían repetir la misma frase hasta la saciedad para responderte “Ha sido un placer, me retiro.”.

– ¡Hola! – les saludó el robot con voz jovial. La voz no era robótica como era habitual, parecía tan humana que daba la impresión de ser real.
– ¿Qué clase de robot eres? – preguntó Cloud incapaz de contener su curiosidad.
– Soy un robot de última generación. Diseñado especialmente para predecir el futuro y para la interrelación con los humanos. Si se me permite decirlo, soy único en el mundo, señor.
– ¡Qué gracioso! Es un gatito…
– Sí, ciertamente está muy logrado. Me pregunto dónde lo habrán… – Cloud recordó por qué estaban allí – Oye, has visto pasar a un hombre grande con un brazo-arma?
– ¡Oh! – los ojos del gato daban vueltas sobre sí mismos, lo que confirmaba que no era un ser vivo – Sí.
– ¿Podrías indicarnos por dónde se marchó?
– Sí. Pero antes déjame predecirte el futuro.
– No tengo tiempo.
– Es un momento, señor – el moguri gordo empezó a hacer un ruido mecánico algo extraño. Finalmente vomitó una bola negra que el gato recogió con presteza antes de que cayera al suelo – Mmmmh… qué raro – la expresión del gato hacía creer que realmente estaba intrigado en lo que leía – Nunca me había salido nada así.
– No tengo todo el día.
– Está bien. Aquí pone que conseguirás lo que te propones, pero que eso te costará una gran pérdida. Perderás algo que aprecias mucho, más de lo crees.
– Qué lástima – dijo burlonamente Cloud. Qué podía saber una máquina de lo que él se proponía. Quizá si la máquina hubiera sabido que se proponía detener a Sephiroth no hubiera dicho lo mismo. Además, ¿Qué podía perder él que fuera tan preciado? No había nada que apreciara tanto, a parte de su propia vida. A pesar de la estupidez que suponía aquello, no pudo evitar darle algunas vueltas antes de seguir hablando – Nos puedes decir ya…

<ALARMA: HOMBRE ARMADO Y PELIGROSO EN EL ÁREA DE BATALLA, REPITO, HOMBRE ARMADO Y PELIGROSO EN EL ÁREA DE BATALLA>

– ¿Barret? – dijo Tifa mirando a Cloud con terror en la mirada.
– ¡Vamos! – Cloud intentó echar a correr cuando la enorme mano del moguri gordo le detuvo – ¿Qué? – dijo con furia.
– No puedo dejarte ir sin más. Como buen adivino necesito saber adonde conduce esa predicción. ¿Puedo ir contigo?
– Haz lo que quieras, maldita máquina, pero suéltame.

Leyeron los carteles hasta encontrar el que indicaba “Área de batalla”. Sin pensárselo dos veces se metieron en el agujero. Cayeron durante un rato y luego un torrente de aire los hizo cambiar de dirección describiendo un ángulo de 90º. Llegaron a un cuarto acolchado. Tras unos segundos el suelo se abrió y cayeron por un tobogán que condujo finalmente a un pasillo por el que pudieron correr a toda prisa.

Al salir del pasillo se encontraron con Red, Yuffie y Aerith, que acababan de entrar por otras puertas.

– ¿Creéis que se trata de Barret? – preguntó Aerith, ya que era evidente el motivo por el que se hallaban todos allí.
– No lo sé, es posible. Vamos – dijo Cloud apresuradamente. Se estaba cansando de las insensateces de Barret, tarde o temprano Shin Ra les daría caza.

Estaban tan asustados que nadie reparó en el robot gatuno que iba con Cloud y Tifa. Subieron por unas escaleras interminables y llegaron al lugar donde los participantes debían inscribirse para la batalla. Un puñado de cadáveres acribillados adornaban la escena. La recepcionista levantó la cabeza para vomitar algo de sangre.

– ¡Está viva!

Cloud avanzó hasta ella con cuidad para no resbalar con la sangre vertida sobre la baldosa de mármol.

– ¿Ha visto a quien lo ha hecho? – le preguntó sin importarle parecer rudo por no preguntar por su estado, aunque era evidente.
– S.. sí… un hombre… con un brazo-arma… estaba loco…
– ¡Eh! – gritó la voz grave de un hombre. La voz provenía de la escalera e iba acompañada por el sonido de decenas de pasos – ¿Qué ha pasado aquí? – el hombre se dejó ver. Era alto y musculoso. Si alguien hubiera intentado clavarle un cuchillo, seguramente se habría partido. Tenía el pelo largo, recogido en un laborioso moño, cogido con dos palitos. Su indumentaria se reducía a un pequeño pañuelo rojo envuelto de forma que le tapara sus partes más íntimas. Iba rodeado de guardias armados con metralletas – ¿Habéis sido vosotros quienes habéis hecho esto?
– No, verá…
– ¡No puedo creerlo! ¿Qué va a ser de mi parque después de este escándalo?
– En realidad nosotros…
– ¡Acabad con ellos!
– Yo en vuestro lugar echaría a correr – apuntó el robot con una sonrisa en la cara. Sin duda no estaba programado para reaccionar con normalidad en situaciones de peligro.

Más por sentido común que por la indicación del robot, echaron a correr hacia el área de batalla. Allí quedaban demasiado expuestos, pero Cloud no tardó en ver una pequeña trampilla tras el ring.

– ¡Por aquí!

Fueron a parar a una sala totalmente cuadrada. En el suelo había grabado un símbolo circular rojo. La cara del propietario de Gold Saucer se asomó por la trampilla. A contraluz era imposible distinguirle la cara.

– Veo que vosotros mismos habéis decidido ir a la sala de los “luchadores nerviosos” – emitió una carcajada tan grave que sonó algo terrorífica – Buenos chicos…

La trampilla se cerró y el suelo se abrió bajo sus pies.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: