Capítulo XIII – Dos

8 noviembre 2007

Los ronquidos de Red iban acompañados por la intensidad del fuego de su cola, que crecía y menguaba al mismo son. Cloud se miraba a sí mismo, ahí, tumbado en una cama de una pensión de Costa del Sol junto a un gato rojo enorme y al líder de Avalancha. En SOLDADO, Cloud había tenido muchas aventuras y se había salvado, algunas veces, por los pelos. Siempre había viajado al lado del más grande. Si algo iba mal, Sephiroth lo arreglaba. Pero esta vez era él quien debía preocuparse del resto, y no sólo de sí mismo.

– ¡Eh! Muchacho, ¿Duermes? – susurró Barret.

Aquello sacó a Cloud de su ensimismamiento. Observar como la cola ardiente de Red ondeaba mientras dormía tenía un poder hipnótico nada despreciable.

– No.
– Bien… – se hizo una breve pausa – Oye, verás… quería agradecerte todo lo que has hecho por nosotros. Si no fuera por ti, nunca lo habríamos logrado. Y lo de enseñarme a usar Materia… era uno de mis sueños. Eres un tipo raro, pero yo creo que eres guay.
– No es nada – replicó Cloud con voz queda. No sabía como tomarse la última frase de Barret.
– Oye, si necesitas hablar… joder, no se me da bien esto. Quiero decir que yo…
– Entendido – interrumpió Cloud – Gracias – Era la primera vez que veía a Barret hablar así a alguien que no era Tifa. Quizá estaban conociéndose el uno al otro. Quizá se habían equivocado en sus primeras impresiones.
– Ha sido muy bonito – dijo Red inesperadamente – Ahora si habéis acabado, me gustaría dormir.
– Claro, buenas noches – dijeron los dos al unísono mientras se rascaban la cabeza y se tumbaban hacia lados opuestos.

(No está mal descansar, pero no te duermas en los laureles)

“No me duermo, sólo es una noche”

(Tu espada está rota. ¿Piensas ir muy lejos sin ella?)

“Hoy mismo pensaba arreglarla… un momento, ¿Por qué…?”

(Ya va siendo hora de levantarse, ¡Arriba!)

Ya era de día. El sol entraba por la ventana dejando ver las pequeñas motas de polvo revoloteando sin rumbo fijo. El roce del cuerpo con las sábanas de algodón azules era muy agradable. Barret y Red no se encontraban en la habitación. Cloud se estiró y cuando se giró…

– Buenos días, dormilón.
– Buenos días, Tifa.
– ¿Has dormido bien?
– ¿Es muy tarde?
– Tranquilo, están todos en la playa. No te están echando de menos… – Tifa le guiñó un ojo – Mira, te he traído el desayuno. En el chiringuito preparan unas tortitas riquísimas.

Cloud miró la bandeja que había a su lado. Había un plato con unas tortitas y un vaso de su refresco favorito.

– Muchas gracias, Tifa. Oye, Costa del Sol es un lugar tranquilo y… he estado pensando… No tenéis por qué acompañarme de ahora en adelante. Podéis quedaros aquí a salvo.
– No voy a quedarme aquí a esperarte mientras tú andas por ahí en peligro. Ya lo hice una vez, y no pienso repetirlo.
– Está bien – Cloud se incorporó en la cama – Vayamos fuera, quiero buscar a un armero.

Hacía un día de sol y calor. La gente tomaba el sol en sus toallas o se resguardaba bajo sus sombrillas. Los camareros del chiringuito recorrían las tumbonas sudorosos, sonriendo delante de los clientes y maldiciéndolos detrás. Red estaba en la terraza de la pensión, a la sombra de la uralita. Parecía dormir, aunque tratándose de Red, nunca podía saberse. El resto estaban a la orilla del mar construyendo un castillo de arena. Barret y Yuffie parecían disfrutar realmente con aquél plan.

– Eh, Cloud, ¿Te apuntas? – dijo Yuffie haciéndole señas con el brazo.
– No, gracias – se giró para hablar con Tifa – Ahora vengo.

Cloud echó a caminar por la orilla del mar. La sensación que producía la arena mojada colándose entre los dedos de sus pies era agradable. Cuando hubo llegado a la playa grande, tras atravesar unas rocas, vio que el personal de Shin Ra todavía andaba por allí. Vio a alguien conocido en una tumbona junto a la orilla. A diferencia del resto de gente de la playa, éste tomaba el sol vestido. Llevaba una bata blanca.

– Hace un buen día para tomar el sol, ¿No te parece, Hojo?

Hojo entreabrió los ojos para ver quién había osado despertarle. Cuando se le acostumbraron al sol se llevó una gran sorpresa.

– ¡Tú!

Cloud se sentó a su lado y le cogió por el cuello.

– Será mejor que bajes esa voz, o me veré obligado a matarte.
– ¿Qué… qué demonios quieres? ¿Qué haces aquí?
– Lo mismo que tú. Será mejor que te andes con ojo, siempre andaré detrás de ti – Cloud hizo especial énfasis en la plabra <siempre>. Le soltó el cuello – ¿Ya sabe tu querido jefe que Sephiroth iba en el barco?
– Por supuesto que lo sabe, YO me di cuenta.
– Te diste cuenta un poco tarde, ¿No te parece?
– En realidad estaba liado con otras cosas antes de saber lo de los asesinatos – se excusó el científico.
– Pues, como buen científico, deberías haber visto que no todos los asesinatos fueron perpetrados por Sephiroth.

Hojo emitió un gruñido como respuesta. Cloud se acercó a su oreja y Hojo empezó a sudar.

– Bien, espero que no te equivoques acerca de Sephiroth, porque yo también le estoy siguiendo, así que te necesito en plenas facultades. Y ahora, hagamos un trato: tú haces tu trabajo y te olvidas de mí, y yo no te mato. ¿Te parece bien? – le dijo Cloud en un susurro.
– Me parece un trato interesante.
– Bien, sabía que eras inteligente, a pesar de trabajar para Shin Ra – Cloud se levantó y se alejó. Hojo le siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista.

Cuando pasó el puerto, encontró un gran edificio en el que había un cartel que rezaba “ARMERÍA”.

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