Capítulo XI – Tres

8 noviembre 2007

– Eso sí que ha sido un trabajo en equipo – decía Barret entusiasmado. Estaban reunidos bajo la escalerilla que conducía a la casa de Priscilla. Tifa estaba arriba. No quería irse sin antes cerciorarse de que la niña se encontraba bien.
– Sí, aunque sin mí no hubiera sido posible. YO le atesté el golpe de gracia – Yuffie estaba orgullosa de haber sido ella quien le arrebatara la vida a esa bestia inmunda.
– Ya, claro. Oye, Yuffie – contestó Barret – ¿Te gustaría unirte a Avalancha?
– ¿A qué? – Barret se ofendió un poco.
– A AVALANCHA. El grupo rebelde que trabaja contra Shin Ra.
– Oh, ¿Vosotros sois de Avalancha?
– Sí – dijo Aerith decidida. Le debía una a Barret. Cloud y Red hicieron un gesto algo ambiguo con la cabeza.
– Está bien. Yo también quiero formar parte de Avalancha. ¡Destrocemos a los Shin Ra!
– ¡Así se habla! – Barret estaba emocionado con su nuevo fichaje.
– ¡Cloud! – Tifa estaba asomada arriba – Priscilla quiere verte.

Cloud negó con la cabeza y subió. Al entrar en la cabaña sintió como le embriagaba un olor muy fuerte a jazmín. La decoración era algo caribeña, aunque en general la pequeña casa era acogedora. Se oía una música de tambores acompañada por el sonido lejano de las olas del mar. Allí encontró a la niña tendida en una cama con pétalos sobre su sábana blanca. La niña era mulata, con grandes ojos negros y pelo lacio, negro azabache.

– ¿Tú eres quien lanzó la espada y me salvó del monstruo?
– Te salvamos todos.
– Muchas gracias. Te debo mi vida – la niña parecía más madura de lo normal – Permíteme darte esto – la niña blandía un colgante hecho de madera.
– No hace falta que… – Cloud se quedó callado. Miraba el colgante con interés – ¿De donde lo has sacado?
– Me lo dio mi abuelo.
– Muchas gracias, Priscilla.
– Gracias a ti, eres mi salvador. ¿Tenéis donde pasar la noche?
– En realidad no – dijo Tifa.
– Mi abuela tiene un montón de camas vacías en su casa. Antes vivían todas sus hijas con ella, pero ahora vive sola. Podríais pasar la noche allí.
– Yo creo que… – empezó a decir Cloud.
– Muchas gracias, no sabes como te lo agradecemos Priscilla – interrumpió Tifa.

(¿Estás bien?)

“¿Tú otra vez?”

(¿Dónde estaba Tifa?)

“No te entiendo”

(Hace cinco años llegaste a Nibelheim. Cuando llegaste ella no estaba. ¿Dónde estaba?)

“Eh… no lo sé realmente”

(Te sentiste triste cuando supiste que no estaba. Deberías decírselo)

“No me gusta hablar de eso”

(No hablas mucho con ella. Ella te aprecia)

“Lo sé, y yo a ella”

(Deberías hablar más con ella. Sufre por ti)

“¿Cómo sabes todo eso?”

(Ahora despiértate. Está deseando hablar contigo)

Un portazo sobresaltó a Cloud. Miró a su alrededor. Estaba en una habitación de la casa de la abuela de Priscilla. Tifa acababa de entrar.

– Siento mucho haberte despertado.
– No, en realidad ya estaba despierto – dijo incorporándose en la cama.
– Cloud… – dijo Tifa sentándose a su lado poco a poco – ¿Cómo estás?
– Estoy bien.
– Me refiero a todo lo que está pasando. La vuelta de Sephiroth… sé que le apreciabas. Dejaste SOLDADO por su muerte.
– No… – Cloud iba a responder algo de lo que se arrepintió – Estoy inquieto. No sé si es miedo. Si el Sephiroth que ha vuelto es el último que vi… el mundo entero está en peligro.
– Lo sé, yo también tengo miedo. Si viajamos al otro continente… es posible que nuestros pasos nos lleven a Nibelheim.
– Lo había pensado.
– Quiero que sepas que cuando te sientas mal yo estaré allí para apoyarte, Cloud – Tifa abrazó a Cloud y le dio un beso en la mejilla. Cloud se sentía incómodo en esas situaciones. Se le puso la carne de gallina, aunque era una sensación muy distinta a la que sentía con Aerith. Con Tifa experimentaba una sensación de cariño; con Aerith, era algo distinto. Las dos eran chicas especiales para él. Cloud se alegró de que estuvieran solos en ese momento.
– Gracias, Tifa.

Tifa se separó y se fue hacia la puerta.

– Te espero fuera, te están esperando.
– Tifa…
– ¿Sí?
– ¿Dónde estabas hace cinco años, cuando llegué a Nibelheim?
– Eh… – Tifa se rascó la cabeza – No me acuerdo, hace mucho tiempo. Hasta luego.

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