Capítulo XI – Dos

8 noviembre 2007

Tifa se lanzó al agua sin pensarlo. Ya podía ver a la niña tratando de mantenerse en la superficie. Cuando estaba a punto de alcanzarla una sombra apareció bajo ella. Un enorme pez deforme surgió del agua, elevando a Tifa que veía impotente como la niña iba a ser devorada. La niña se desmayó ante la evidencia de su muerte.
Justo cuando el pez iba a engullir a la niña algo le alcanzó en el ojo. Era la espada de Cloud. Tifa vio como el ex-SOLDADO estaba en la orilla y le hacía una señal con el dedo, indicando que todo iba bien. El pez se sacudió violentamente y salió del agua. Unas enormes alas que parecían de seda le sostenían en el aire de forma ingrávida. Con un tentáculo que le salía del lomo agarró a Tifa para poder observarla por el otro ojo. A Tifa le invadió el horror cuando se vio delante de aquel enorme ojo sin expresión.

El monstruo abrió la boca para comerse a Tifa cuando otro accidente le detuvo. Su tentáculo cayó sin vida, junto con Tifa. Yuffie le había propinado un corte limpio desde una roca cercana. Su arma le permitía transportar los cortes varios metros. Barret ya estaba en el agua para sacar a Tifa.

– ¡Barret, recoge también a la muchacha! – gritó Cloud – ¡Aerith, quiero que uses tu Materia de curación con Tifa y la niña! – se subió en una roca y miró a Red – Red, ¿Podrás quemarle las alas a esa bestia?
– Sin problemas – Red siempre era conciso y tranquilo.
– Bien – Cloud saltó varias veces para reunirse con Yuffie – Está bien, Yuffie, cuando Red le queme las alas acabaremos con él – Yuffie asintió – Voy a recuperar mi espada.

Cloud se lanzó al agua. Red estaba en la orilla concentrándose para lanzar un torrente de llamas controlado, directo hacia las frágiles alas del monstruo aturdido. Barret llegó a la orilla con Tifa y la niña en sus brazos. Aerith se apresuró a reunirse con él. Se concentró en su Materia y dejó ir su bastón, que quedó levitando como por arte de magia. La luz verdosa manaba bajo sus pies haciendo ondear su pelo y su vestido. Unos destellos verdosos viajaban desde sus manos hacia Tifa y la niña, que recuperaron el conocimiento rápidamente. La niña que recordó de repente lo que había ocurrido rompió a llorar y se abrazó a Tifa.

– Tranquila, cariño, ya pasó. ¿Cómo te llamas?
– Priscilla.

Un estallido hizo que las tres dejaran la conversación y se fijaran en lo que ocurría unos metros más allá. Alrededor de Red había un fuego que ardía con rabia y dos grandes torrentes de fuego se dirigían hacia el monstruo. La bestia salió de su aturdimiento al verse venir el fuego. Intentó sumergirse pero las llamas le rodearon. Las esquivaba como podía, pero Red era diestro manejando el fuego, así que las llamas le iban ganando terreno hasta acorralarlo. Sin poder hacer nada por evitarlo, el fuego le alcanzó, calcinándole las alas. Cayó al agua mutilado. Sin ojo, sin tentáculo, sin alas. Aquella lucha se estaba convirtiendo en una carrera de fondo. La meta se acercaba y parecía que ellos iban en cabeza.

Cloud y Yuffie alcanzaron al monstruo que yacía en la superfície en estado de shock. Cloud escaló por las escamas del monstruo hasta el ojo y sacó su espada que hizo que manara un chorro de sangre negra. Como el agua no le cubría del todo, el pez intentó llegar a la parte más profunda reptando. Yuffie y Cloud le hicieron decenas de cortes. El monstruo fue perdiendo la vida paulatinamente. Finalmente, Yuffie le atestó el golpe de gracia en la cabeza. Habían vencido al enorme monstruo, toda una hazaña.

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