Capítulo V – Seis

7 noviembre 2007

Subieron a toda prisa. Entraron en la primera sala que encontraron. Parecía ser el lugar desde donde controlaban las cámaras del laboratorio.

– ¡Todos con las manos en alto! – Barret les apuntó con su brazo.

Los tres hombres que había frente a los monitores se levantaron con las manos en alto. Los amordazaron y los dejaron bien atados debajo de una mesa. Se quitaron los trajes del equipo de limpieza. Ya no hacía falta ocultarse.

Salieron y se internaron en aquella especie de almacén de criaturas. Dentro de unas vitrinas había todo tipo de aberraciones. Había seres que parecían de otro planeta. Otros, no parecían seres. Una caja de madera empezó a moverse. Todos se sobresaltaron.
Tras una pila de cajas pudieron ver a Hojo. Se ocultaron tras las cajas.

– Mi preciado ejemplar… – Hojo admiraba una criatura que tenía en una vitrina. No la podían ver bien. Parecía un gran felino rojo y parecía tener el rabo ardiendo.

“PROFESOR HOJO, EL EJEMPLAR ESTÁ PREPARADO”. Avisaron al profesor por un intercomunicador que había cerca. Hojo se marchó hacia arriba.
Todos salieron de su escondite.

– ¿El ejemplar es Aerith? – preguntó Tifa.
– No tenemos la tarjeta llave del nivel superior – apuntó Cloud.

Un mal presentimiento hizo que el corazón de Cloud se encogiera. No sabía por qué, pero de repente sentía que todos estaban en peligro. Sentía la muerte cerca. Una voz le hablaba, la voz de la misma muerte le susurraba al oído. “Aquí…”. Cloud miró hacia una especie de cápsula enorme acorazada. En realidad era sólo una parte de la cápsula, pues era enorme. El resto parecía estar tras las paredes. Había una pequeña ventana de cristal.

Como atraído por una fuerza sobrenatural, Cloud fue hacia la cápsula y miró por la ventana. No había palabras para describir lo que vio ahí dentro. Un ser enorme, deforme y envuelto en una especie de gelatina mezclada con sangre yacía allí. Era difícil definir dónde tenía los ojos. Varios tentáculos brotaban bajo lo que parecía ser la cara de la criatura. De repente, se movió espasmódicamente. Cloud cayó al suelo.

Cloud no quería creerlo pero en el fondo de su ser sabía qué era aquello. Sólo tuvo que echar un vistazo en la parte superior de la cápsula para cerciorarse. “JENOVA”. Era Jénova.
La cabeza le daba vueltas, estaba a punto de estallarle. Se retorcía de dolor por el suelo. Tifa y Barret intentaron sujetarle pero Cloud no respondía. Sufría espasmos y balbuceaba palabras sin sentido. Sus ojos estaban en blanco. Parecía estar en otro mundo. De repente se calmó.

Barret fue a mirar a la cápsula y casi se le escapa el desayuno.

– ¡Qué asco, coño! ¿Qué mierda es eso? Y, ¿Dónde tiene la puta cabeza? – se apartó del cristal con cara de asco.
– ¿Estás bien? – le dijo Tifa a Cloud que parecía volver en sí.
– Sí. Todo bien. Perdonad.
– ¿Qué demonios te ha pasado? – Barret no entendía por qué siempre le ocurría lo mismo en todas las misiones, aunque esta vez había sido más fuerte de lo normal.
– No ha sido nada. Escuchad, todo esto es peor de lo que pensaba. No sé lo que Shin Ra se trae entre manos, pero estamos todos en peligro.
– Claro, Shin Ra nunca trama nada bueno – dijo Barret mirando hacia atrás. No le había hecho mucho caso al ex-SOLDADO – Escuchad. Ahí hay un ascensor para especímenes. Podríamos usarlo para llegar arriba.
– Es una buena idea – dijo Tifa – ¿Qué opinas, Cloud?
– Cojámoslo.

Cuando subieron no podían creer donde se encontraban. Era el mayor laboratorio científico que habían visto nunca. Ordenadores por doquier, mesas llenas de instrumentos extraños, vitrinas, robots… y en medio una gran jaula de cristal. Dentro estaba Aerith. Hojo estaba delante encorvado.

– ¡Suéltala, gusano! – Barret apuntaba a Hojo que ni se inmutó.
– Yo de ti me lo pensaría dos veces antes de usar eso.
– Dame sólo una razón por la que no deba perforar tu asqueroso cráneo.
– Soy el único que sabe manejar todo este complicado equipo. Si me matas lo más seguro es que tu amiga muera por inanición ahí dentro.
– ¡No! Aerith… – Barret estaba furioso.
– ¿Aerith? ¿Así se llama? – Hojo la miró de arriba a abajo. Hizo una seña a un hombre que había en una cabina arriba – Será mejor que os marchéis, por el bien de la criatura.

Dentro de la jaula se abrió el suelo en el centro. Se podía oír el sonido de un ascensor. Apareció el felino extraño que habían visto abajo. El extraño felino se puso en posición de ataque con el pelo erizado y bufando.

– Si no os marcháis la Anciana lo pasará mal.
– ¡Y un cuerno! – Barret empezó a disparar por doquier como un poseso. Disparó varias veces contra el cristal que no se rompió.
– ¿Pero qué haces, estúpido? – Hojo no esperaba una reacción como aquélla.
– Barret, deja de disparar. ¿No ves que puedes lastimar a Aerith? – Cloud no soportaba la falta de meditación de Barret en las situaciones difíciles.

La jaula de cristal se iluminó. No podía verse lo que pasaba dentro. Un pitido de alarma se disparó.

– ¡Maldito estúpido! – dijo Hojo yendo hacia la jaula – Este material vale millones de guiles – tecleó algunas cosas en un panel que había en la puerta de la jaula – ¡Y esas criaturas valen más que toda Shin Ra!

La puerta se abrió. Todos quedaron expectantes. No se oía ningún ruido. Quizás el felino ya había acabado con Aerith.
Sin que nadie lo esperase, el felino salió disparado echándose sobre Hojo. Sacó sus garras y apuntó al cuello al científico.

– Atrévete a moverte y morirás – le dijo el animal.
– ¡Ha hablado! – Tifa no podía creerlo.
– Hablaré tanto como desee usted más tarde señorita. Ahora debemos salir de aquí.

Cloud entró en la jaula y cogió a Aerith en brazos.

– Tranquilos, ella está bien. Sólo he actuado para pillar a Hojo desprevenido.

Cuando Cloud iba a salir el ascensor volvió hacia abajo.

– ¡JA! Moriréis todos cuando suba mi muestra HO512 – Hojo tenía cara de satisfacción y de locura a la vez. El enorme gato le dejó ir y se reunió con los otros.
– Es una criatura realmente fiera. Será mejor que salgamos de aquí – dijo mientras Hojo salía corriendo del laboratorio.

El ascensor llegó. Una criatura a medio camino entre un reptil y una planta hizo aparición. Tenía tentáculos que parecían tallos y un solo ojo asomaba bajo varios pliegues de carne amarillenta que supuraba. Se arrastraba con un sonido desagradable.

– Larguémonos de aquí – dijo Cloud. No podía creerlo, tenía a Aerith sana y salva en sus brazos.

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